Política, arte y populismo en Venezuela

La propaganda de los regímenes populistas en Latinoamérica ha sacado a pasear sus reliquias. La espada de Simón Bolívar en Colombia; el corazón embalsamado del Emperador Pedro I en Brasil. Son adminículos de una estrategia de construcción identitaria amalgamada en el ADN «mágico-religioso, racial, militarista y travesti» común a los sistemas autocráticos tropicales, «pero no sólo», apunta el artista venezolano afincado en Madrid Alexander Apóstol (Barquisimeto, 1969). El uso del término travesti seguramente no aparezca en los manuales de teoría política contemporánea, pero ilustra el carácter mutante que sufren los países cuyos regímenes se sustituyen en un ejercicio de transformismo radical. Nueva bisutería engarzada con viejas reliquias.

La dualidad, la metáfora, la sustitución y la oposición están presentes en muchas de las obras que forman parte de la muestra Postura y geometría en la era de la autocracia tropical del CA2Mde Móstoles, en Madrid. Hay en ellas algo muy sensual que apela a los sentidos, pero también extremadamente intelectual y analítico. Como si la tensión entre exuberancia y síntesis fuese el tema principal y la conclusión formal de las obras presentes.

Alexander Apóstol en el CA2M.
Alexander Apóstol en el CA2M.

Este (des)equilibrio se evidencia en Ensayando la postura nacional (2010), que «traza un paralelismo entre el régimen militar de derechas de Pérez Jiménez en los años 50 y los chavistas de la izquierda autocrática actuales. Entre ambos, hubo 40 años de democracia. Los dos hablaban de lo militar y la historia patria de una forma mitológica y lo unen al discurso racial que ensalza a negros, indios y mulatos», explica Apóstol, cuyo trabajo se encuentran en colecciones públicas y privadas de todo el mundo (Guggenheim, Pompidou, Tate Modern, etc).

La escenificación de estereotipos parte de Pedro Centeno Vallenilla (Venezuela, 1899-1988), pintor de lienzos y grandes murales que Apóstol replica en esta serie de fotografías, con modelos que posan inspirados en aquellas obras germinales del imaginario nacional. «Con la llegada de la democracia a Venezuela se piensa que los conflictos raciales han terminado, que la meritocracia y el fin del régimen clientelar del Estado dictatorial propiciaron otra manera de entendernos y definirnos, más cercana a una idea cívica de la modernidad. Pero una vez que se desgasta todo el sistema de partidos por la corrupción y las relaciones turbias entre ellos, se propicia que el fantasma militarista y racial vuelva con más fuerza. Es así como llega Chávez», describe Apóstol, que ha instalado esta serie intercalándola con otra titulada Partidos políticos desaparecidos (2018).

'Contrato colectivo cromosaturado'.
‘Contrato colectivo cromosaturado’.

En ella, los colores que identifican a los grupos políticos extintos durante el periodo democrático venezolano plantean composiciones geométricas, aludiendo a la estética que en aquel país se identificó con la democracia misma: el arte abstracto. Más concretamente, con su vertiente cinética, representada por Gego, Carlos Cruz-Díez o Jesús Soto, cuyas obras ocuparon los espacios públicos y se asociaron al poder en los ochenta y noventa. Sin embargo, aquel país que aspiraba a la modernidad se travistió con Chávez y ahora con Maduro en un sistema folclórico «que ha desmantelado por completo toda la estructura cultural», lamenta Apóstol, en referencia a la marginación de las prácticas artísticas actuales que no sean «indigenistas».

El arte es un vector político fundamental en la historia y la política de Venezuela y Apóstol también lo instrumentaliza. Un monitor de la exposición muestra el vídeo creado en 2006 titulado Av. Libertador, en la que conviven el humor y la marginación. Grabado de noche, con infrarrojos, las transexuales que se prostituyen a ambos lados de esa arteria central de Caracas se identifican frente a la cámara con el nombre de un artista figurativo o abstracto venezolano, según se encuentren en uno u otro de los sectores que dividen esta avenida, cuyos muros están decorados por artistas de uno u otro estilo: tradición contra modernidad. Sendos barrios y sus divergentes clases sociales se sitúan a su vez de forma radical a favor o en contra del chavismo.

La serie 'Régimen dramatis personaoe'.
La serie ‘Régimen dramatis personaoe’.

El trabajo de Apóstol es un ejercicio preciso que desarma las estructuras del poder mediante la representación crítica e irónica de los mismos. Una de las piezas centrales de la exposición es una serie de 72 retratos de gran formato en blanco y negro que ocupan las cuatro paredes de la sala. Régimen: Dramatis Personae fue mostrada por primera vez en la Bienal de Shanghai de 2018. Cada retrato se corresponde con alguno de los estereotipos que poblarían una novela barata sobre la Venezuela autoritaria, desde El opositor preso a El elegante golpista. La excesiva y teatral caracterización de los modelos -colaboradores de una asociación humanitaria LGBT caraqueña- alude otra vez al travestismo, a la farsa de una estructura social y política que tiene tanto de ficción como necesidad de impostarse. Escenificación artística del drama y el ridículo que identifica a las autocracias.

Fuente: https://www.elmundo.es/la-lectura/2022/09/09/6317720221efa026228b45fb.html

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