¿Qué hacer o quehacer?

Comentario sobre Comunicaciones
La obra Comunicaciones fue presentada en la exposición Experiencias 68 (1) en el Instituto Di Tella de la ciudad de Buenos Aires. Considerada dentro del arte de los medios (2), género precursor del arte conceptual en los años sesenta argentinos, constaba de diferentes etapas de producción, exhibición y documentación. La primera consistió en la construcción de un ambiente de ángulos curvos, envolventes, como un útero, el Santuario del sueño, que no se exhibía al público mas, en una segunda instancia, se documentó por medio de la descripción verbal grabada en el lado 1 del disco en la colección del MNBA. El lado 2 (titulado Candente) registraba los jadeos amorosos de una pareja. La tercera etapa, también previa a la exposición, consistió en la construcción de una pista de arena en la sala del Di Tella, donde la artista y su pareja realizaron una acción que fue documentada fotográficamente: se acostaron y dejaron impresa la silueta de sus cuerpos. Por último, la exhibición al público fue una instalación que exigía la participación del visitante. Junto a la arena se colocaron en una tarima dos reproductores y sendos auriculares para que el público escuchara el disco. La experiencia reunió las evidencias de varias performances que buscaban ser evocadas a partir de signos sonoros y visuales ofrecidos en la exposición. Basada en las teorías de la comunicación que circulaban en la época, Comunicaciones exploró desde la plástica el soporte discográfico (sus cualidades físicas y estéticas) así como el aspecto gráfico de un producto propio de la industria cultural: el disco. La oblea que recubre el centro del vinilo fue diseñada con un pattern óptico que al girar en el reproductor acentuaba la ilusión de movimiento. Dicho diseño sin fin concordaba con la circularidad narrativa del relato grabado. La instalación en la exposición contaba también con el documento gráfico del circuito comunicacional (Esquema de trabajo) que teorizaba sobre la obra, identificando al emisor, al receptor y al código que actuaba en cada uno de los mensajes. Como toda obra de arte conceptual, partía de una idea que era puesta en juego a partir de distintos estímulos sensoriales e intelectuales. Planteó al espectador un movimiento pendular entre las evidencias de acciones ocurridas en otro tiempo y espacio distinto al de la exposición, y la reactualización vivencial de dichas acciones representadas por la información, los registros documentales.
En diversas obras de los años sesenta se planteó la importancia de la participación y el aspecto experiencial por parte del público. Comunicaciones, con su juego de reenvíos, de ausencias y presencias, signos e índices que reemplazan a los objetos, instala parte de la productividad de la obra en la conciencia del espectadorparticipante. En la interpretación de la artista, se trató de varios “mensajes ambiguos” –característica del mensaje estético– y uno “unívoco”, el auditivo que, juntos, se reconstruyen en el “imaginario del espectador/oyente”. Las imágenes evocadas son de “relax, introspección, sueño o amor”, en un registro poético que se nutre del minimalismo del nouveau roman francés con sus narraciones no argumentales. Las instrucciones en la cubierta del disco inducen a observar fijamente la etiqueta mientras se escucha la monótona descripción del Santuario del sueño. El vacío, la nada, señalaba la artista: “7 minutos en blanco”, induciendo a otros estados de conciencia como los propuestos por las técnicas de concentración orientales. El lado 2 (Candente) rompía con el blanco para, por medio de una sinestesia, aludir al rojo, símbolo de la pasión amorosa, y despertar los sentidos. Paksa tematizó la oposición en numerosas obras de la época. En el caso de Comunicaciones los opuestos (blanco-rojo, hombre-mujer, vacío-lleno, presente-ausente) aluden claramente a las fuerzas vitales.
por María José Herrera

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