Marilyn, la construcción del mito de ‘Blonde’: capas de barra de labios y tacones de Ferragamo

El estreno de la adaptación cinematográfica de ‘Blonde’, en la que Ana de Armas da vida a Marilyn Monroe, ha vuelto a poner la atención en la imagen de la actriz, con sus entalladísimos vestidos, su melena rubia platino y sus intensos labios rojos. Sin embargo, lo que parece que pasamos por alto es que, desde su inconfundible color de pelo hasta su barbilla retocada por cirugía, gran parte de la imagen de Marilyn Monroe que ahora consideramos icónica fue fruto de un constante cincelado para encajar con las demandas estéticas de su época.

“Terminé cediendo y cuando me vi en el espejo, no me reconocía, me habían convertido en una rubia de bote. Al principio me costó acostumbrarme, luego vi que funcionaba”, declaraba la propia voz de Marilyn Monroe, antes Norma Jeane Mortenson, en el documental ‘Descubriendo a Marilyn’, que cuenta con testimonios en primera persona de la actriz así como de su círculo más cercano, además de documentos escritos por ella misma. “Tenía el rubio de California, más oscuro en invierno y más claro en verano, decolorado por el sol y con demasiados rizos”, explica Emmeline Snively, directora de Blue Blook Modeling Agency y una de las responsables de que aquel ceniza natural de Norma Jeane quedara pulverizado para siempre bajo el platino de Marilyn Monroe.

La sesión de fotos original de Marilyn Monroe con Arthur Miller, frente a la recreación de Ana de Armas en ‘Blonde’. (Roger Viollet/Cordon Press/Netflix)

Tomando como ejemplo el cabello de Jean Harlow -la verdadera primera rubia del cine, fallecida de forma precipitada a los 27 años-, Monroe luchó por encontrar su hueco en la industria del cine, sin dudar en utilizar la sensualidad de su cuerpo en el ascenso, no sin modificarlo por el camino a gusto de quienes tenían el poder.

Creando el rubio Hollywood

Tuvimos que convencerla para que se tiñera el pelo y se lo alisara, pero la convencí. Créame, fue difícil que dejara atrás su color natural”, confesaba Snively, en las declaraciones que se pueden escuchar en ‘Descubriendo a Marilyn’ acerca de su icónico color de cabello.

Marilyn Monroe, de joven con su cabello natural rubio ceniza. (Topham/Cordon Press)

Detrás del icónico cabello de Marilyn estaban además las mismas manos que decoloraron el cabello de Jean Harlow, las de Alfred Pagano, que perseguía el rubio más platino de la gran pantalla a través de un potente mejunje de peróxido, amoniaco puro, cloro y hojuelas de jabón. El pelo de la actriz se decoloraba en el edificio Max Factor, actual Museo Hollywood, en cuya sala ‘Solo para rubias’ su presidenta asegura que puede notarse la presencia de Marilyn.

Marilyn Monroe, ya rubia, en 1962. (20th Century Fox Film Corp./Jerry Tavin/Everett Collection/Cordon Press)

Pero el cabello de Marilyn Monroe no fue el único que cambió para encajar. Como ha sido costumbre en la industria del cine desde entonces y hasta nuestros días, también encontró críticas a las curvas de su cuerpo o incluso a su forma de sonreír. Durante el rodaje de ‘Con faldas y a lo loco’, su figura, más voluptuosa que de costumbre, trajo de cabeza a los productores, que le pedían que adelgazara, algo a lo que ella se negó, diciendo que estaba encantada con sus curvas. Ahora sabemos que Marilyn Monroe se encontraba entonces embarazada de Arthur Miller y que, tras sufrir varios abortos, su prioridad era que el embarazo llegara a buen término, algo que no ocurrió.

Marilyn Monroe, durante el rodaje de ‘Con faldas y a lo loco’. (Courtesy Everett Collection/Cordon Press)

Medicina estética, lecciones de anatomía y gimnasia facial

Avezada estudiante de cada consejo que le dieran para prosperar en su carrera, mucho antes de que su nombre sirviera de reclamo en los carteles de cine, Marilyn se sometió a otros cambios estéticos para conseguir una imagen más pulida. Por recomendación de unas de sus parejas, Marilyn se alinea los dientes, como detalla el documental ‘Descubriendo a Marilyn’, pero la transformación continúa: “Luego se somete a una dolorosa electrólisis para quitarse el pico de viuda de la frente para parecerse a la estrella de la casa, Rita Hayworth, y al gusto de su siniestro jefe, Harry Cohn”. De este modo, la frente de Marilyn quedaba despejada y la línea de nacimiento del cabello homogeneizada.

Una Marilyn Monroe sin retoques (nariz, barbilla) para ‘Eva al desnudo’ en 1950, posando sin su característa gesticulación, frente a la Marilyn icónica entre 1954 y 1955. (Cordon Press/TM & copyright (c) 20th Century Fox Film Corp./Courtesy Everett Col)

En su lista de retoques estéticos tampoco faltaron un implante de cartílago en el mentón o una operación de nariz, costeados por Johnny Hyde, su amante durante dos años y un conocido agente de estrellas. Según los hechos narrados en ‘Descubriendo a Marilyn’, el agente primero le pidió matrimonio, algo que Marilyn rechazó; acto seguido, le ofreció financiarle una rinoplastia y una operación para afinarle la barbilla, lo que la actriz sí aceptó y tuvo como resultado que Darryl F. Zanuck la reclutara en Fox, aunque condenándola siempre a papeles de ‘rubia tonta’.

Marilyn Monroe, en una de sus sesiones de fotos más icónicas. (Cordon Press/Courtesy Everett Collection)

El resto de los cambios estéticos en Marilyn Monroe fueron, sin embargo, obra y arte de la actriz que, además de sumergirse en libros de anatomía para conseguir las posturas que le permitieran mostrar su cuerpo en todo su esplendor, analizaba la forma de caminar de las divas del cine clásico, admiraba la forma en la que Mae West hacía burla de su sensualidad y escrutaba la voz profunda de Marlene Dietrich; todo con el fin de ser la mejor actriz posible.

Entre estos estudiados cambios estaba, por ejemplo, la manera en la que Norma Jeane sonreía. Marilyn estudiaba su rostro en el espejo. “Bajaba el labio superior cuando hablaba porque le dijeron que se le veían demasiado las encías al sonreír”, señala el documental, que cuenta con el propio testimonio de la actriz para llamar la atención sobre gestos que interiorizó y que ya forman parte de su icónica coreografía gestual. Por ejemplo: “Bajaba los párpados como si pesaran mucho o me ayudaba pensar en otra cosa, a veces pensaba en los hombres. En cuanto a la boca, siempre la tenía abierta, incluso duermo así y me pasó algo sorprendente, me enamoré de mí misma. No de quien era, sino de aquella en quien me convertiría”.

El fotógrafo Milton H. Greene llegó a hablar sobre la meticulosidad de la actriz: “Tú no te levantas, te lavas la cara, te cepillas el pelo y sales pareciéndote a Marilyn Monroe, ella se sabía todos los trucos del libro».

Una adelantada a su tiempo en el cuidado de la piel

Cuando Marilyn Monroe dejó de ser modelo ‘pin-up’ para convertirse en el reclamo de las películas en las que aparecía, se encontraba en un periodo en el que el tono de la piel, azuzado por una rebelde Coco Chanel, agradecía estar besado por los rayos de sol. Marilyn, sin embargo, huía de él, se resguardaba, incluso en las escenas playeras cuidaba de que el sol no dañara y oscureciera su piel. “Personalmente, estoy en contra del bronceado intenso porque me gusta sentirme rubia por todo mi cuerpo”, dijo en su día, como recoge el libro ‘Hollywood Beauty: Vintage Secrets’, de Laura Slater.

Marilyn Monroe, en los años 50, secando su piel con una muselina tras haberla lavado. (Cordon Press/United Archives/IFTN)

Su piel clara, de tono homogéneo y jugosa, en un tiempo de maquillajes pastosos y densos a prueba de focos, era el resultado de la preocupación de la estrella por que el sol no la tocara pero también por sus conocimientos estéticos. En su neceser no faltaba la Phormula 3-8 del dermatólogo húngaro Erno Laszlo, un bálsamo elaborado especialmente para ella tras su apendectomía, para que cuidara su cicatriz y que, desde la firma explican, reformularon hasta convertirla en la Phormula 3-9 creada para calmar la inflamación y la piel estresada. Eran varios los cosméticos de esta firma que Marilyn utilizaba, tal como recogía el catálogo de subastas de las propiedades personales de Marilyn Monroe publicado por Christie’s.

La Active Phelityl Erno Laszlo, el rubor de mejillas Rouge Brunette Dorin y otros objetos del tocador de Marilyn Monroe, previa subasta. (Getty/Amanda Edwards)

La actriz mezclaba la Crema Intensiva Active Phelityl Erno Laszlo con vaselina -su producto estrella- para conseguir esa característica pátina luminosa que cubría su piel. “Las capas de vaselina aplicadas debajo de su maquillaje aseguraron que siempre estaría radiante y lista para la cámara”, apuntan desde Erno Laszlo. Sluggingglazed skin, glass skin, dumpling skin… En la actualidad son decenas los términos estéticos que buscan alcanzar esa piel ultrahidratada y jugosa. Marilyn lo logró antes y su secreto era la vaselina de toda la vida.

La Phormula de Erno Laszlo en la actualidad, 3-10.

Pero precisamente uno de estos trucos tenía también un efecto secundario que molestaba en el rodaje. La combinación de vaselina, crema de hormonas y Active Phelityl Cream de Erno Laszlo para iluminar la piel aumentó el vello facial de Marilyn por el uso de crema hormonal. “El estudio quería que Marilyn se lo afeitara, pero ella se negó, diciendo que le gustaba la forma en que las luces capturaban el color melocotón de sus mejillas, haciéndolas brillar”, revela el libro ‘Hollywood Beauty: Vintage Secrets’.

Teniendo en cuenta el intensivo cuidado que Marilyn prestaba al cuidado de su piel, a sus movimientos o a la creación de su identidad estética, habría resultado curioso ver su evolución con el paso de los años. En vida, la actriz dijo: “Quiero envejecer sin estiramientos faciales. Quiero tener el coraje de ser leal a la cara que he hecho”. Toda una proclama del tan de moda ‘well aging’ o ‘pro-aging‘: envejecer bien.

La geometría de un maquillaje a medida

Pero por más peluca rubia o vestido rosa que una actriz se ponga, para conseguir una total mímesis con Marilyn, el maquillaje es el aliado estratégico. Que Ana de Armas consiga parecérsenos a Monroe cuando su estructura facial es tan diferente a la de la ‘tentación rubia’ es algo solo al alcance del maquillaje, el pilar del marilinismo.

El maquillador habitual de Marilyn Monroe, retocando a la estrella durante el rodaje de ‘Niágara’ (1953), película que asentaría su look beauty. (20th Century Fox/I.V./Cordon Press)

Sabemos que sus mejillas se ruborizaban con el rosa nude, discreto pero encendido Rouge Brunette Dorin, cosmético que incluso ha llegado a estar presente en TikTok, protagonizando tutoriales en los que se recrea el maquillaje de la actriz con los cosméticos que ella misma utilizaba. Pero es, sin embargo, el de sus ojos el que creó escuela, igual que la mirada de cervatillo de Audrey Hepburn. Hay pasos de maquillaje que vemos a diario en la actualidad y que le debemos a la imagen de Marilyn; pasos que se fueron consolidando hasta crear la imagen icónica de la diva, de la mano de Allan ‘Whitey’ Snyder, el que se convirtió en su maquillador de confianza.

Que Kim Kardashian cuente con Mario Dedivanovic y Chiara Ferragni con Emanuelle Mameli no significa que ambas celebs del siglo XXI inventaran el binomio maquillador-estrella, ni siquiera el vínculo original fue el de Jennifer Aniston con su peluquero Chris McMillan. Marilyn Monroe y Allan ‘Whitey’ Snyder asentaron la historia del beauty look entre actriz y su profesional de confianza. “Si muero antes que tú, tendrás que hacer el maquillaje de mi funeral”, diría la diva rubia. Así lo hizo.

@erinparsonsmakeup

Marilyn wore Dorin Brunette Rouge. I believe this one is from the 1940’s. I had to try it on 😉anyone know a dupe? #vintagemakeup #marilynmonroe #mua

♬ Some Like It Hot – Marilyn Monroe

En palabras de la maquilladora británica Lisa Eldridge: “Crear la imagen de Marilyn Monroe que todos tenemos en la cabeza llevó varios años”. Su tutorial sobre cómo recrear paso a paso el maquillaje de la actriz cuenta con cinco millones y medio de visualizaciones en YouTube y es el mejor posicionado de Google. En él, la maquilladora desgrana el look que Marilyn lució desde 1953 hasta el final de la década.

Resulta curioso que tendencias de maquillaje actuales, como maquillar el lagrimal con una sombra marcada, más allá de tan solo el uso del iluminador, fueran normas básicas en el de la actriz. “Utilizaba la misma sombra blanca y brillante en el párpado móvil y en el lagrimal”, explica Eldridge. El delineado de sus ojos era otro de sus grandes misterios, pues no solo la pronunciada caída de sus párpados contribuía a esa sensación de ojo rasgado, sino también un grueso delineado rematado de forma ascendente y el uso de pestañas postizas, tal y como apunta la maquilladora, creaban la mirada Marilyn.

Detalle del maquillaje de ojos, con delineado grueso, lápiz blanco y sombreado en el párpado inferior, en una de las imágenes promocionales de ‘Con faldas y a lo loco’, de 1959. (Ann Ronan Picture Library/Herita/Cordon Press)

Pero el truco más enigmático no estaba en el párpado superior sino en el inferior. Con ayuda de un pincel lápiz y sombra de ojos oscura, el maquillador Whitey Snyder dibujaba una línea un par de milímetros en paralelo a la línea de las pestañas, cuya trayectoria se iba alterando para emular la sombra de las pestañas superiores. “Para realzar ese efecto de pestañas extralargas, se aplicaba un lápiz de ojos blanco entre las dos líneas -la del delineado del párpado superior y la de la falsa sombra de las pestañas-”, detalla Lisa Eldridge.

Las cejas también tenían un papel destacado en el maquillaje de Marilyn. Además de maquillarlas para acentuar su arco, las peinaba con un cepillo de dientes, como se puede observar en varias fotografías de la estrella en su tocador.

Igual que el iluminador siempre decoraba la parte alta de los pómulos de Marilyn, el contorno perfilaba su rostro. (Cordon Press/Courtesy Everett Collection)

El contouring formaba parte de su día a día y, del mismo modo que afinaba sus facciones posando con la boca entreabierta o había reducido el tamaño de su nariz con una rinoplastia, también recurría al sombreado para achatar, afinar y estrechar su nariz y pronunciar sus rasgos, especialmente pómulos y barbilla. Lisa Eldridge incluso llama la atención sobre otro curioso truco, el de utilizar el mismo rubor de sus mejillas a los lados de sus cejas, como en paralelo al pómulo y hacia la sien, en un intento de sumar aspecto saludable y fresco al rostro.

La barra de labios roja que nunca se comercializó

“La forma de Marilyn de pintarse los labios es legendaria”, apunta la maquilladora, ya que utilizaba hasta cinco capas de la misma barra de labios color rojo, Insolence de Guerlain. “Otras veces combinaba labiales de Elisabeth Arden, Max Factor y Guerlain y los aplicaba por capas de tal forma que los más oscuros quedaran en los contornos”, describe la maquilladora. Tras perfilar los labios, comenzaba a rellenarlos, comenzando por los colores más oscuros, para aplicar los más claros en el centro de la boca, logrando un efecto tridimensional, como el de los ‘ombré lips’, más cercanos a nuestros días.

Labial Kiss Kiss de Guerlain en un tono cercano al Insolence que usaba Marilyn Monroe.

“Otro truco que Whitey utilizaba era aplicar un poco de polvo blanco en el centro del labio inferior para conseguir una mayor plenitud”, precisa Eldridge, que también apunta que el volumen y la plasticidad de la boca de Marilyn no se explican solo con el color de los labiales, pues la cantidad de producto, capa sobre capa, también era responsable de ese labio relleno.

Marilyn Monroe, maquillando sus labios con un lip brush en 1956. (Roger-Viollet/Cordon Press)

Esta meticulosidad de estrella y maquillador a la hora de pintar los labios les llevó a desarrollar un exclusivo labial al que solo tenía acceso la actriz y que estaba formado por pigmentos y cera de abeja… La historia de celeb y maquillador de estrella que crean su propio producto, como Charlotte Tilbury o Selena Gomez. Sin embargo, en el caso de Marilyn nunca se sacó rentabilidad al cosmético, su magia era su inalcanzable exclusividad.

Imagen de un perfume, sin querer

El esmero con el que Marilyn Monroe cuidaba cada uno de sus orquestados movimientos hacia la consolidación de su carrera terminaron por dejar su huella: el rubio Marilyn, el rojo de labios Marilyn, la forma de dejar caer los párpados de Marilyn… Y, por supuesto, el perfume de Marilyn.

Perfume nº5 de Chanel.

Ella misma explicó que acertó a decir que solo dormía con unas gotas del perfume Chanel nº5, porque tenía miedo del revuelo que se podría causar si decía que se acostaba desnuda, “pero es la verdad, es lo que uso (para dormir)”. El efecto fue el mismo, pero la diferencia es que el perfume que Gabrielle Chanel creara en 1921 bajo el pretexto de «un perfume de mujer con olor a mujer» se quedó para siempre grabado en la retina olfativa de la sociedad.

Con la mirada de 2022, podemos ver en la figura de Marilyn destellos de ‘body positive’, de mujer hecha a sí misma, de cómo convertir la cosmética en aliada para conseguir un fin, pero es imposible apartar la vista del hecho de que tuvo que cincelarse para encajar en un mundo que puede que aún no estuviera preparado para ella. Tampoco se puede obviar que las carencias afectivas de su infancia la persiguieron toda la vida. “Nadie me dijo que era guapa cuando era niña. A todas las niñas se les debe decir que son bonitas, incluso si no lo son”, aseguró la propia Marilyn Monroe.

La influencia de Marilyn en la moda

Cuando a Kim Kardashian le llegó la invitación para la última gala del Met, parece que no tuvo muchas dudas a la hora de elegir su outfit. En una exposición en la que la temática era un homenaje a toda la impronta americana en la moda, ella decidió reivindicar la figura de uno de los mayores mitos eróticos de Hollywood: Marilyn Monroe. De esta manera, se enfundó en uno de los vestidos más icónicos del siglo XX –una creación de la firma Jean Louis en la que estuvo involucrado el mismísimo Bob Mackie- y de esa guisa paseó por la alfombra roja. Los daños colaterales que sufrió esta pieza emblemática ya son otra historia. El falló quizás estuvo en pensar que la actriz de ‘Con faldas a lo loco’ podía tener una silueta similar a la de la más mediática de las Kardashian. Y nada más lejos de la realidad.

Pese a que Marilyn se ha convertido con el paso del tiempo en un icono del movimiento ‘plus size’, la actriz no cumplía con ese canon. Es cierto que sus curvas supusieron un antes y un después en la moda, pero, por ejemplo, su cintura solo medía 55 centímetros, y las fotos en las que se la ve más ‘curvy’ corresponden a sus meses de embarazo. El mito, por tanto, de que Monroe fue la mujer más sensual del mundo con una 42 es un error histórico. Realmente, era una S.

Marilyn Monroe, en los Premios Oscar de 1951. (Getty)

Otro mito es que, pese a la importancia que tuvo la moda en la configuración del personaje de Marilyn Monroe, en el día a día de Norma Jeane Mortenson, el verdadero nombre del rostro que más suspiros provocaba en Hollywood, las tendencias no tenían tanto peso. Si delante de los focos era toda una bomba sexual, en la intimidad era mucho más discreta, apostando por diseños muchos más minimalistas que los que le pedía el gran público. Los jerséis, los shorts y los pantalones capri formaban parte de su armario en una versión más discreta y sencilla de la estrella que todo el mundo adoraba. Cuentan que era tal el desinterés que llegó a tener por su imagen que incluso regaló a la hija de Lee Strasberg (su profesor de drama) las perlas de Mikimoto que le entregó el emperador de Japón cuando estuvo de visita en la isla, durante su luna de miel con Joe DiMaggio. Fue en esos momentos, además, donde influida por sus días de formación en el Actors Studio de Nueva York, se convirtió a la estética beatnik.https://datos.elconfidencial.com/iframe-datos-imagen/?src=https://static.ecestaticos.com/file/d1a/2c0/bfb/d1a2c0bfb0b372b48ab771a0e8df34a1.gif&alt=%27marilyn%27&id=%20marilyn

Delante de los focos, eso sí, Marilyn se transformaba en la estrella que más ha brillado en la gran pantalla. Ya fuera en blanco y negro o en tecnicolor, la moda se ponía a los pies de la actriz para conseguir darnos algunos de los looks más emblemáticos del cine. Si bien es cierto que nunca forjó una relación con un diseñador al estilo de Dietrich con Dior (la actriz llegó a decirle a Hitchcock la ya famosa frase: “No Dior, no Dietrich”) o Audrey Hepburn con Hubert de Givenchy, no podemos negar que la rubia más famosa del séptimo arte tenía sus favoritos.

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