Aragonès y Sánchez vuelven a cruzar sus intereses en un endiablado otoño

Otoño es tradicionalmente época de elaboración presupuestos en todas las administraciones, léase Estado, Generalitat y Ayuntamiento de Barcelona. Cada año tiene su afán, y este 2022 no es menos. Al contrario. El cóctel que se genera con la crisis por la inflación, la proximidad del ciclo electoral y, sobre todo en Cataluña, la salida de Junts del Govern descartan todo recorrido apacible. Súmese, además, que la negociación de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) coincidirán, en un nuevo cruce de calendarios, con los últimos coletazos de la mesa de diálogo, antes de llegar al muy electoral año 2023.

Las miradas se centran en ERC, el actor clave de los Presupuestos Generales del Estado, de los de la Generalitat y los de Barcelona. Los republicanos se hallan en pleno proceso de aterrizaje en el Govern monocolor (más tres independientes) y desde el mismo momento en que la militancia de Junts sancionó su salida del Executiu las miradas se dirigieron hacia los presupuestos catalanes.

La cuestión clave de las cuentas de la Generalitat es si ERC acaba por negociar y pactar con el PSC. Es el escenario deseado por los socialistas y por Junts, por aquello de ir a las elecciones aventando el espantajo del tripartito a la vuelta de la esquina.

Ante esto, la primera acción de ERC es trazar una cortafuegos entre los presupuestos catalanes y los del Estado. Es la forma de evitar que el apoyo republicano a las cuentas le cueste solo al PSOE el voto recíproco en el Parlament.

Contra el relato mediático

Una vez hecho esto, la presidencia del Govern trata de frenar el relato mediático que da por asumido, y hasta por ‘normal’, que Junts no dé apoyo a las cuentas que ellos mismos han diseñado. ERC quiere generar presión sobre Junts y conseguir su apoyo, que les ahorraría el trago de elegir entre el PSC y la prórroga presupuestaria.

Es pronto todavía, pero todos los responsables republicanos, aun en privado, rechazan cualquier pacto de este calibre -los presupuestos son, en el fondo, un programa de gobierno de un año- con el PSC. Consideran que ERC y PSC se hallan en trincheras opuestas y que mientras no se resuelva el conflicto político no hay opción a la entente en grandes términos. Súmese, además, que Esquerra y los socialistas luchan por ganar las municipales de mayo.

El presidente de la Generalitat buscará influir en el PSOE sin dar alas al PSC

Por lo que respecta a los PGE cabe reseñar la aceptación de ERC de que su estrategia ha fracasado. A principio de legislatura española los republicanos trazaron un esquema de burbujas estancas, por el que los contenidos de la mesa de diálogo por el conflicto no aparecían en la de las cuestiones más pecuniarias, como los PGE. El poco entusiasmo del PSOE en la mesa de diálogo ha derivado en un cambio de táctica de ERC. Si Pedro Sánchez quiere presupuestos deberá proporcionar satisfacción a los republicanos en dos aspectos. Las causas aún vigentes a exaltos cargos y diputados independentistas por el 1-O y, sobre todo, la reforma del delito de sedición.

Para atraerse a los republicanos, Pedro Sánchez ha asegurado a los suyos estar dispuesto a llevar a cabo la modificación del delito de sedición para equipararlo al que se aplica en otros países, aunque cree que no hay una mayoría suficiente en el Congreso en estos momentos para consensuar un texto, dadas las diferencias entre los propios partidos independentistas catalanes o entre Unidas Podemos y En Comú Podem.

Los PGE

En el Gobierno dan por hecho que ERC coqueteará con presentar enmienda a la totalidad a los PGE. Tiene como fecha límite la semana próxima: el viernes a las dos de la tarde. Después ya la podrán retirar antes de la votación, el día 27, como han hecho otros muchos años. En la Moncloa, el presidente Sánchez tiene “ganas de negociar” las cuentas, las del Ejecutivo y las de la Generalitat.

“Lo que hace falta saber es si [Oriol] Junqueras quiere hacerlo aquí y allí”, le ha dicho el jefe del Ejecutivo a sus asesores. En la bancada socialista en el Congreso, los diputados consideran que Junqueras ha presionado a Aragonès para romper la alianza con Junts porque ha decidido lanzar “una opa sobre los ‘comuns’” antes de las municipales de mayo. “Está peleando por ese espacio electoral. Se ha puesto nervioso al ver al PSC que va bien en las encuestas y ha decidido dar ese golpe de autoridad”, afirman fuentes del grupo parlamentario que no descartan que Junqueras reconduzca la situación después de “una semanas aparentando que no necesita ni quiere al PSC”.

Colau, con elecciones en mayo, asiste al pulso presupuestario con menos tensión que ERC y los socialistas

En el Ejecutivo descartan la posibilidad, con la que fanfarronea Junquerasde prorrogar las cuentas catalanas. La Generalitat recibirá para el año que viene 3.100 millones de euros adicionales por el incremento de la financiación que recibirán las comunidades autónomas, una cantidad que será recibida siempre que haya unas cuentas nuevas. “Pero si Aragonès los está negociando ya con la ministra [Raquel] Sánchez. A ver si se aclaran con la representación escénica de estos días y nos ponemos manos a la obra”, señalan fuentes del grupo parlamentario del PSOE.

Ayuntamiento de Barcelona

En el gobierno de Ada Colau, los presupuestos de 2023 generan una inquietud relativa. Estando las elecciones municipales a solo ocho meses vista, la posibilidad de que no haya acuerdo con la oposición y que toque prorrogar las cuentas no se presenta como un drama: suele pasar con las urnas tan cerca.

Pero por ahora la opción de un pacto sigue sobre la mesa, y más en un mandato en el que las tres cuentas anteriores fueron aprobadas en votación, a diferencia del anterior, en el que Colau no logró sacar adelante ninguno en votación ordinaria por la falta de apoyo.

En el mandato actual, Barcelona en Comú y el PSC suman 18 votos, necesitan un socio que les acerque a los 21 de la mayoría absoluta. En los tres ejercicios anteriores, ERC ha sido el apoyo decisivo (aunque no el único) bien con un sí o una abstención.

El año pasado, Ernest Maragall amagó con votar en contra, pero ERC le obligó a abstenerse y permitir así que las cuentas vieran la luz verde como complemento del acuerdo con los ‘comuns’ en el Parlament. Un trago difícil para el veterano líder, que este año no parece dispuesto a meterse en un embrollo similar. Ahora la lógica del año pasado podría volver a darse, si en la Cámara catalana hay un pacto.

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