«Aunque las chicas son más feministas, asumen que el placer es siempre del varón»

Se avanza en materia de sexualidad a pasos agigantados. O, al menos, eso parece. Detrás del cambio visible en la manera de entender y vivir las relaciones por parte de la juventud y el avance del feminismo, se esconden cifras que todavía preocupan: un 43,5 % de las chicas en España ha recurrido a la píldora del día de después y un 6,5 % de ellas asegura no utilizar ninguna protección para prevenir un embarazo no deseado o infecciones de transmisión sexual (ITS). Además, la penetración se sitúa como la práctica más habitual, por encima de la autoestimulación. Y lo más alarmante: más de la mitad de las mujeres reconoce haber tenido sexo con otra persona sin tener ganas o deseo sexual.

Estos son algunos de los resultados del estudio que hizo público recientemente el Ministerio de Igualdad sobre la sexualidad en mujeres de 18 a 25 años, a través de cuestionarios a más de 1.500 chicas. El informe es de alcance estatal, pero el patrón es el mismo en todo el territorio. Y el problema, estructural: «los viejos esquemas de una sociedad patriarcal que se resisten a ser desplazados», reza el documento.

Desde el servicio de atención, orientación y asesoramiento a jóvenes en materia de sexualidad Joves.sex, Raquel Hurtado, su coordinadora, reconoce que los resultados del informe se ajustan a la experiencia vivida en la Comunitat Valenciana. Cuando reciben una consulta telefónica o durante los talleres que realizan en las aulas, una de las cuestiones que siempre está sobre la mesa es el uso del anticonceptivo de emergencia, la famosa píldora del día después.

«Es el que más mitos tiene alrededor. Existe la idea de que es una bomba y que solo se puede tomar tres o cuatro veces en toda la vida, pero la Organización Mundial de la Salud (OMS) lleva muchos años diciendo que se trata de un medicamento imprescindible. Toda esta mitología redunda en las dificultades de acceso a él. Aunque es cierto que puede tener efectos secundarios, en ningún caso son graves», explica. También existen muchas dudas respecto a los métodos hormonales, como el anillo o los parches, que se utilizan en un 54 % de los casos, según el estudio. «En la Comunitat Valenciana, el acceso es más eficaz porque el modelo de atención a la sexualidad incluye la asistencia a través de servicios específicos públicos y complementarios a la Atención Primaria que permiten un espacio privilegiado para resolver dudas y ofrecer información de calidad a las mujeres», subraya.

Ceder por miedo

Hurtado detalla, además, que la práctica de las relaciones sexuales sin sentir deseo es otra de las consultas que se repite y que bebe fundamentalmente de la pornografía. En el informe, el 57,7 % de las chicas afirma haberlo hecho. Algo de lo que sabe muy bien Agustín Zaragozá, formador y agente de igualdad y profesor de Filosofía en un instituto. Una de sus alumnas, de 17 años, le reconocía haber cedido en numerosas ocasiones por inseguridad, miedo a la reacción de la otra persona y por el convencimiento de que es «lo normal», que lo hace todo el mundo. «Aunque las chicas son cada vez más feministas, y rompen con algunos viejos estereotipos, el patriarcado se sigue metiendo en las camas. Ellas siguen asumiendo que el placer es algo siempre a disposición de los varones, señala.

Educación sexual de calidad

Con estos datos encima la mesa, solo falta preguntarse ‘¿y ahora qué?’. Las expertas lo tienen claro: hay que invertir en una educación afectivo-sexual de calidad y diversa en contenidos y enfoques. «Me siguen contando en las aulas de Secundaria que van a clase a enseñarles cómo poner un preservativo, siempre desde un punto de vista bastante heteronormativo», indica Leonor Goicoechea, formadora y agente de igualdad y socia de la Associació per la Coeducació.

Por eso no es de extrañar que la insatisfacción con la educación sexual recibida sea bastante grande: de media, recibe una valoración de 4,4 sobre 10. Un suspenso. Además, las ocasiones en las que las jóvenes recurren a sus profesores para temas de sexualidad es limitada. Solo un 1 % de las chicas encuestadas admite hablar de sexo con ellos. Una cifra que preocupa a Zaragozá. «¿Cómo vamos a impartir educación afectivo-sexual si no hay confianza y el profesorado no se forma y continúa con prejuicios y tabúes?», se pregunta.

Impacto de la pornografía

Y, con esta carencia, no les queda más remedio que acudir a la pornografía como referente de lo que son las relaciones. «La pornografía tiene un efecto en ellas. Primero, en su autoimagen, se ofrecen unos modelos de cuerpo a los que son muy difícil llegar y que generan un impacto en la autoestima; en las prácticas; y también los roles, muy diferenciados entre hombres y mujeres. Ellas aparecen en muchas ocasiones como víctimas en un contexto de violencia. Esto es algo que se está trasladando a las vivencias eróticas de los jóvenes», destaca Hurtado.

Una reivindicación que Goicoechea comparte: «El porno te enseña a tener sexo violento, educa a los adolescentes varones a no tener en cuenta a su compañera. Se normaliza la violencia contra las mujeres a niveles inconscientes», asegura. Por eso, para ella es imprescindible que los talleres en institutos se centren en la idea del consentimiento. «Hay que trabajar la asertividad de las chicas y la empatía de los chicos», señala. Asimismo, reconoce que hay que ir más allá de las relaciones heterosexuales y tratar la sexualidad también desde la perspectiva lgtbi.

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