La crítica de Monegal | En TV-3, una ejemplar estereofonía lingüística

Noticia que no debería serlo. Hablo de la estupenda entrevista de Agnès Marquès a la actriz Blanca Portillo en ‘Planta baixa’, TV-3. Ha sido un encuentro idiomáticamente luminoso. En vista de que Blanca no habla catalán –entiende muchas palabras, pero otras muchas no– Agnès fue realizando las preguntas en un admirable equilibrio linguístico.

Según la dificultad de comprensión de Blanca, y simplemente usando el sentido común, Agnès transitaba del catalán al castellano y viceversa con una naturalidad que a mí me ha parecido ejemplar. De hecho, he revisado la entrevista que le hizo también Agnès a Pepe Sacristán el pasado 5 de septiembre y, efectivamente, allí también la coexistencia idiomática se produjo con la misma naturalidad que ahora. Tengo entendido que la norma que rige, o debería regir, en TV-3 advierte de que si el entrevistado no entiende el idioma catalán, la entrevista debe hacerse en castellano.

De modo que en el caso de Blanca, que lo entiende a medias, la opción de Agnès transitando por ambos idiomas me ha parecido de enorme efectividad y sensatez. Se consiguió una perfecta estereofonía lingüística. O sea, como ocurre en la calle, aunque muchos no quieran oírlo. Es posible que algún reducto tribal intransigente se haya encolerizado y exijan que se ponga traducción simultánea. Eso ya lo hicieron tiempo atrás en aquel templo de El Palmar de Troya ‘FAQS’ que había en TV-3, cuando le pusieron traducción simultánea a un señor de Colombia, con tan mala pata que se averió el pinganillo y acabó haciendo de traductora simultánea Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona. Hombre, estoy de acuerdo en una cosa que he escrito y dicho muchas veces: si el idioma catalán no se defiende en TV-3, ¿dónde lo van a defender? ¿en TeleMadrid? Pero una cosa es la defensa y otra aquello que Josep Pla decía: «En la vida se puede hacer de todo, menos el ridículo».

Se ha producido, además, otro instante singular en esta entrevista. Dado que Blanca está interpretando en el TNC el monólogo ‘El silencio’, y realiza allí el maravilloso experimento de estar cuatro minutos frente al público sin decir ni pío, Agnès, subyugada, le dijo: «¡Hagámoslo, hagámoslo ahora aquí!». ¡Ahh! No pudieron aguantar más de cuatro segundos. El silencio, y la tele, son incompatibles. La base de todo canal de televisión es el ruido.

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