Escocia se vuelca ante la capilla ardiente de Isabel II

Envuelto en el estandarte real escocés, con la corona de Escocia de oro macizo y 500 años de antigüedad brillando sobre la tapa, el féretro de Isabel II quedó finalmente expuesto en la catedral de St. Giles a los ojos de sus compatriotas, alineados a lo largo de la milla real de Edimburgo con sus pulseras en la muñeca para desfilar ante la capilla ardiente.

«Es un poco excesivo: nos han requisado las flores, nos han dicho que no se pueden hacer fotos y que no podemos pararnos, para que avance la cola», reconocieron Mark y Sue McMillan, que llegaron desde Inverness, en las Tierras Altas, y aguantaron más de cinco horas al pie del cañón (alternándose en la silla plegable) para ver pasar el cortejo fúnebre.


«¡Pero todo sea por decir adiós a esta increíble señora!», terció Sue, de 63 años. «Yo creo que ella misma eligió a conciencia Escocia para marcharse. Este era su lugar en el mundo, donde más disfrutó de niña y después con Felipe (de Edimburgo). Le pesaron mucho los recuerdos, y también las turbulencias de estos últimos años».


Cerca de los McMillan, entre los primeros en poder entrar a la catedral de St. Gilles, estuvo la canadiense Mia Anderson, de 47 años, que voló desde Toronto para reunirse con su familia escocesa y llegar a tiempo para la despedida a Isabel II. «Yo vivía en Londres cuando murió Lady Di y todo me recuerda a aquellas escenas», confesaba Mia. «Todos nos quedamos en estado de «shock», como ahora. Mi madre está muy afectada y no ha podido venir. Vamos a tardar meses en aceptar que la Reina ya no está con nosotros«.

Escocia se volcó ante la capilla ardiente y la cola para entrar en St. Giles se prolongaba ya más de un kilómetro a primera hora de la tarde del lunes. La catedral permaneció abierta afterhours durante toda la madrugada. El féretro de roble inglés -similar al de Felipe de Edimburgo- estará expuesto durante 22 horas antes de su viaje el martes a Londres, donde se instalará otra capilla ardiente durante tres días en Westminster Hall que puede ser visitada por más de un millón de personas.


El cortejo y la vigilia escocesa fueron de alguna manera un anticipo de las ceremonias que se prolongarán hasta el funeral del 19 de septiembre en la abadía de Westminster y el entierro en Windsor. Vestido con todos sus galones militares y diez medallas (incluida la de la Coronación), más el bastón de mariscal de campo, Carlos III encabezó el lunes la comitiva que partió desde el palacio de Holyrood, donde justo antes había recibido las llaves de la Ciudad de Edimburgo (como muestra simbólica de su bienvenida al antiguo y hereditario reino de Escocia).

El nuevo rey recorrió a pie el trayecto de medio kilómetro hasta la catedral de St. Giles, justo detrás del féretro, arropado por sus tres hermanos: Ana, Eduardo y Andrés. Los dos primeros, también con sus galas militares, mientras Andrés exhibía sus medallas sobre un traje civil (el escándalo sexual de Virginia Giuffre le obligó a renunciar a sus títulos militares).


En los primeros tramos de la comitiva fúnebre, un hombre rompió el respetuoso silencio en la abigarrada milla real y profirió gritos contra Andrés: «¡Viejo pervertido!«. Los insultos fueron aplacados por la multitud con la proclama de «¡Dios salve al Rey!».


Fue el primero de los dos incidentes destacados al paso del cortejo. En las inmediaciones de la catedral fue una mujer la que exhibió una pancarta antimonárquica y gritó «¡Que se joda el imperialismo, abolición de la monarquía!«. Fue detenida por alteración del orden público.

PRIMER ACTO POLÍTICO COMO REY


Cientos de escoceses, contenidos por las vallas de seguida, expresaron entre tanto su malestar por no haber podido acceder a la milla real, al tope de su aforo. «Espero que no hagan lo mismo cuando intentemos pasar a la capilla ardiente», se lamentaba Evan Fraser, de 56 años, ex miembro de la Guardia Escocesa que no pudo sin embargo hacer valer su privilegio. «Yo estoy dispuesto a montar guardia durante la madrugada, pero no lo están poniendo nada fácil para la gente. Eso de la pulserita, como si fuéramos turistas, es una manera de intentar disuadirnos».

La familia real al completo, con Camilla junto al rey, participó en una ceremonia de acción de gracias a la Reina a la llegada de sus restos mortales a St. Giles, y más tarde en una vigilia ante la capilla ardiente. Entre uno y otro acto, Carlos III dio un giro político a su primer acto como rey en Escocia con una visita al Parlamento local, donde se encontró con la ministra principal Nicola Sturgeon y expresó su «admiración por los escoceses».


«Durante años, la Reina encontró en esta tierra, y en el corazón de su gente, un santuario y un hogar», dijo Carlos. «Mi madre admiraba los magníficos logros el espíritu indómito de los escoceses (…) Estoy determinado a seguir su ejemplo con la ayuda de Dios. Estoy muy agradecido por todo lo que me ha dado Escocia y asumo mis responsabilidades con el compromiso de buscar siempre el bienestar de nuestro país y de su gente».

Fuente: https://www.elmundo.es/internacional/2022/09/12/631f118cfc6c83eb128b4574.html

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