La nación boliviana contra el narcoestado plurinacional

Hugo Balderrama

Miami, Estados Unidos

Las reacciones del Movimiento Al Socialismo contra las personas que protestan exigiendo CENSO el año 2023 ponen en evidencia su naturaleza criminal. Tomar con violencia fábricas y empresas privadas, impedir el ingreso de alimentos a las ciudades, cortar el suministro de servicios básicos, golpear a periodistas, además, enviar grupos de choque para enfrentarse a la ciudadanía, de ninguna manera pueden considerarse medidas políticas, son delitos.

El Foro de Sao Paulo, con Evo Morales como su delfín, convirtió a Bolivia en un Estado fallido. El caudillo cocalero se encargó de destrozar la institucionalidad democrática, corromper la justicia, terminar con la prensa independiente, y desmantelar las fuerzas de seguridad nacionales. Todos esos desbarajustes hoy nos están pasando factura. Veamos.

La compañía New York Life Investments presenta anualmente El mapa mundial de riesgo macroeconómico. Para su elaboración se toman en cuenta los siguientes elementos: riesgo político, entorno empresarial estructural, riesgo comercial y riesgo financiero. Justamente, esas son las categorías que hacen de Bolivia, junto con Venezuela y Argentina, uno de los países más riesgosos de la región desde el año 2019. Sin leyes claras, Estado de derecho ni libertad económica es el resultado más lógico.

Al no tener paz social, producto de ser una patria cautiva, los bolivianos gastamos muchos recursos en resolver el presente. Por ende, quedamos sin energía para planificar el futuro. Al respecto, el gerente general del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), Gary Antonio Rodríguez, en un análisis publicado por la revista Libre empresa, señala que las dificultades del sector industrial eran casi las mismas a inicios del siglo pasado: contrabando, informalidad, excesiva burocracia, crisis políticas, lo que implica que mucho no se ha avanzado en más de 100 años.

En el Índice de Competitividad Mundial, Bolivia se encuentra en el puesto 107 de 141 países comparados. Especialmente, producto de las grandes dificultades burocráticas e impositivas que enfrentan los empresarios.

Como a mayor burocracia mayor corrupción, el Índice de percepción de la corrupción 2021 (elaborado por Transparency International) coloca a Bolivia en el puesto 128 de 180 países analizados, siendo el tercer país sudamericano con mayor percepción de corrupción.

El ex presidente de la Cámara de Exportadores de Cochabamba, Fernando Antezana, en una entrevista al periódico Los Tiempos (Agosto 2019), indicó que:

La baja competitividad del empresariado boliviano es producto de la legislación laboral inflexible, que premia a los malos trabajadores con la permanencia en sus fuentes de trabajo. Las empresas están impedidas de reducir o cambiar personal, pese a hechos comprobados de robo, daño productivo, embriaguez, irresponsabilidad, entre otros, reduciendo claramente la productividad buscada para competir sanamente.

Hay que recordar que los sindicatos en Bolivia se comportan como grupos de extorsión a los empresarios. Su forma de actuar corresponde al de una pandilla, y no al de un gremio de trabajadores.

Toda esta tormenta que nos toca enfrentar a los bolivianos no es nada más que un caos planificado, concepto desarrollado por el economista Ludwig von Mises. Sucede que a las agrupaciones criminales les conviene que sus poblaciones sufran hambre, miseria y miedo.

Hoy la nación boliviana se encuentra en resistencia a las pandillas plurinacionales. No es un asunto de política, sino de sobrevivencia.

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