Las entrelíneas de la entrevista de Carlos Vera a Lasso

Raúl Andrade Gándara

Más allá de las observaciones anotadas por los infaltables analistas y críticos de Lasso, algunos temas y percepciones quedaron en el tintero, y pretendo plantearlas en este escrito.

En primer lugar, el mensaje de Lasso sobre la seguridad dejó entrever una realidad preocupante, esto es la debilidad de las fuerzas del orden, la desmoralización existente en sus filas y la falta de pertrechos para cumplir con su labor eficazmente. La insistente enumeración de las nuevas adquisiciones y el aumento de los efectivos tiene como contracara la actual carencia, desorganización y chatarrería que afectan a la policía y también al ejército ecuatoriano. Catorce años de debilitamiento sistemático de ambas fuerzas, esenciales para mantener el respeto al orden establecido y a las autoridades elegidas es la factura que debe pagar este gobierno.

Bajo esa luz, se comprende porque el discurso presidencial, encaminado a rescatar las finanzas públicas de su déficit crónico, debe entenderse como un primer paso para lograr rearmar y reforzar a estas instituciones.

Si no existe dinero en caja para adquirir insumos y mejorar la seguridad, magra figura hace la policía con tanquetas obsoletas, chalecos caducados y armamento inferior al de los sicarios y narcos, y siempre habrá la duda sobre los resultados que un enfrentamiento con los indígenas habría tenido en esas condiciones. Cuando el uso de la fuerza sea devuelto a la autoridad, se acabarán las agresiones.

Para quienes consideran que el gobierno debe aplicar mano dura contra los insurrectos, es menester recordar esta realidad antes de apoyar enfrentamientos.

Carlos Vera, prudentemente, evitó cuestionar a profundidad al Presidente sobre otro tema caliente, cuál es la suma de concesiones que el gobierno está haciendo al movimiento indígena. Resulta muy aventurado predecir el alcance y el futuro de las mismas, cómo resulta imposible determinar que los indígenas tienen razón en todo, o viceversa, que no tienen razón en nada.

En el medio está, seguramente, el equilibrio que debe primar entre las concesiones a dicho grupo y las necesidades de la mayoría mestiza, molesta por la prepotencia y la agresividad de la CONAIE, que le impide mirar con cierta objetividad el desarrollo y desenlace de las mesas de diálogo.

El hecho cierto es que para las tribus indígenas, afectadas por una pobreza endémica y una ausencia de recursos de todo tipo, las opiniones de los mestizos le son también irrelevantes, por más letradas, razonadas y reflexivas que suenen para quienes las apoyan.

Cada cual vive y entiende su realidad con mucha más claridad que la ajena, y es un argumento a tomar muy en cuenta cuando despotricamos contra sus arremetidas. No es ni mucho menos una justificación, sino apenas un argumento.

Después de décadas sufriendo la crisis permanente de la economía nacional, es reconfortante saber que los gastos que se hagan para beneficiar a las mayorías no van a aumentar el déficit fiscal en forma irremediable, sino que serán parte de un proceso organizado y financieramente sostenible. Probablemente, hay más gasto corriente que gasto de inversión en una primera etapa, pero el resultado final hay que medirlo en relación a los pacientes.

Finalmente, es menester reconocer el esfuerzo que se está haciendo para combatir la corrupción en los organismos públicos, tema omnipresente e inextinguible, frente al cual solo cabe endurecer los controles, mejorar los tramites contractuales y sancionar a los culpables de los abusos.

La actitud firme del ejecutivo es el primer ejemplo para lograr frenar la codicia de algunos funcionarios.

Quedan por supuesto pendientes muchos temas, tales como la presencia de la corriente correista en la burocracia, que se pretende extirpar, no como cacería de brujas sino como un obligatorio ejercicio de depuración, la contemplación y aparente ineficacia frente a temas de urgencia política y la falta de comunicación al público sobre las metas de gobierno.

Son fallas en efecto, pero solucionables.

Si hay que cancelar a algún funcionario por su relación cercana con un ex jefe corrupto, hay que hacerlo. Si la relación fue con Correa, con mayor razón, pues se trata de un fugitivo de la justicia cuya influencia es inaceptable. Son manchas negras que hay que borrar.

Sin embargo, antes de descalificar, juzgar y agredir irresponsablemente al Presidente, es menester aceptar el hecho que fue elegido por cuatro años y es obligatorio para los ecuatorianos responsables apoyar los esfuerzos que beneficien a la mayoría, solicitar permanentemente información sobre las decisiones trascendentales del gobierno, de manera objetiva y constructiva, sin adelantar conceptos por información tendenciosa o por elucubraciones de fuentes interesadas .

El trabajo es arduo y no termina nunca, porque se trata de sentar bases sólidas para el desarrollo, y estas solo se dan a través de la dedicación y el esfuerzo, no de la demagogia fanfarrona y providencialista.

De eso ya tuvimos suficiente, y lo estamos pagando.

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