Xi defiende la política de cero-covid y subraya la seguridad nacional como prioridad

Xi Jinping, presidente chino, defendió la política de cero covid y apuntó a la seguridad nacional como indispensable para alcanzar los logros sociales en el discurso de apertura del Congreso del Partido Comunista. Sólo sorprendió la brevedad, apenas hora y media frente a las más de tres horas del anterior. Su balance del último lustro y las estrategias con las que pretende enfrentarse a un contexto interno y externo complicado discurrieron por caminos trillados. Xi alternó sus grandes éxitos, como la defensa del medioambiente y la lucha contra la corrupción, con alusiones oblicuas a Estados Unidos como elemento distorsionador. La continuidad de las políticas es el único camino racional en un congreso que fijará el tercer mandato de Xi al frente del partido.  

Sólo los 25 miembros del Politburó y un puñado de delegados ancianos quedaron exentos de la mascarilla entre los más de 2.000 representantes que atendieron el discurso en el Gran Palacio del Pueblo. La puesta en escena ya adelantaba la defensa de la política de cero covid. “Hemos priorizado a la gente y a la vida con la política dinámica de cero covid y hemos conseguido los máximos resultados en la prevención y control de la epidemia y el desarrollo social y económico”, ha aclarado Xi. Sobre lo primero no hay dudas: el país con la quinta parte de la población global ha contado menos de seis mil muertos. Las hay sobre lo segundo: las cuarentenas y otras restricciones al movimiento castigan sin piedad la economía. El crecimiento del PIB no alcanzará este año el pronóstico gubernamental por primera vez en décadas, han cerrado miles de negocios y el paro juvenil ronda el 20 %. Esa dicotomía entre vidas y economía sigue vigente, con las alertas científicas de un desastre si China jubila su política, y también la prioridad de las primeras. China no tiene mayor problema en la actualidad, encadenada a unas restricciones que frenan la remontada económica y causan un creciente hastío en la población.  

El presidente ha descrito el lustro transcurrido desde el último congreso como un “periodo extremadamente anormal”. El covid resume la volatilidad de los tiempos. Xi había anunciado en su discurso 2017 que China se abriría al mundo y este ha llegado con el país tan aislado como antes de las reformas. Contra este contexto de guerras, pandemias y otras incertidumbres, el presidente alumbró el camino: “Debemos fortalecer nuestro sentido del trabajo duro, adherirnos al pensamiento del partido y prepararnos para el peligro en tiempos de paz y para los días de lluvias, fuertes vientos y oleajes”, recomendó.  

La prosperidad común, un concepto maoísta que Xi rescató el pasado año, ha brillado en el discurso. Con él alude a la mitigación de las desigualdades sociales tras haber erradicado la pobreza extrema. Es un objetivo que ya estaba en la hoja de ruta pero la fórmula económica tampoco se ha salvado del cuadro cambiante. Han quedado enterrados los compromisos liberales de darle más espacio al mercado o adelgazar las elefantiásicas empresas estatales que una década atrás se anunciaban como inminentes e imprescindibles. 

La situación internacional ha cambiado, especialmente por la guerra comercial con Estados Unidos. La lectura del partido es que un sector público fuerte es la mejor garantía para alcanzar los objetivos de crecimiento y superar las dificultades. No significa que el sector privado haya perdido su papel, pero sí es cierto que con Hu Jintao [predecesor de Xi] había una mayor expansión del mercado. También se reforzó el ámbito ideológico para facilitar las palancas económicas y se ha cercenado el camino a sectores privados que pensaban que tendrían más peso en la toma de decisiones”, señala Xulio Ríos, exdirector del Observatorio de Política China. 

La seguridad nacional ha sido el concepto más repetido en las casi 15.000 palabras del discurso. Preservarla requiere de un partido sano, ha aclarado, por lo que continuará la campaña de corrupción que ha castigado a más de un millón de miembros durante su decenio en el poder. Sobre la esfera internacional ha repetido los planteamientos que tienen a Estados Unidos como destinatario desde que la primera potencia mundial puso rumbo de colisión hacia la segunda. “China se opone firmemente a todas las formas de hegemonía y los políticas de poder, se opone a la mentalidad de Guerra Fría, se opone a la interferencia en los asuntos internos de otros países y se opone a los dobles estándares”, ha afirmado Xi. 

Consignada la rutina del discurso, la jornada ofrecía el interés de contar ausencias y presencias. No estaba el expresidente Jiang Zemin, una influencia mayúscula en la política china de las últimas tres décadas, vencido al final por la edad (96 años) y las purgas políticas en su clan. Sí estaba Zhang Gaoli, ex viceprimer ministro, al que no se le había visto desde que meses atrás fuera acusado por la tenista Peng Shuai de abusos sexuales.

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