Quito, octubre de 2026.– Para una pequeña o mediana empresa, una infraestructura tecnológica insuficiente puede tener consecuencias que van mucho más allá de una conexión lenta. Una respuesta tardía a un cliente puede significar una venta perdida; un proceso manual puede detener una operación cuando la persona responsable no está disponible; y una vulnerabilidad de seguridad puede generar costos difíciles de absorber.
En un entorno donde cada vez más actividades dependen de herramientas digitales, la tecnología dejó de ser únicamente un soporte para la operación y pasó a formar parte de la capacidad de respuesta y continuidad de un negocio. Para las pymes, esto supone un desafío particular, ya que suelen contar con menos recursos para recuperarse frente a una interrupción, una falla o un incidente de seguridad.
La ciberseguridad es uno de los principales puntos de atención. De acuerdo con el informe Cost of a Data Breach 2025 de IBM, el costo promedio de una filtración de datos en América Latina alcanzó los USD 2,51 millones. El estudio analizó 600 organizaciones a nivel global y evidenció, además, que las filtraciones que tardaron más de 200 días en ser identificadas y contenidas tuvieron un costo promedio de USD 2,82 millones en la región.
Frente a este escenario, las necesidades tecnológicas de las pequeñas y medianas empresas han evolucionado. Hace algunos años, una de las principales demandas podía resumirse en contar con una página web. Hoy, el desafío es más amplio: las empresas buscan que sus canales digitales permitan vender, atender, cobrar y gestionar operaciones, y que las distintas herramientas utilizadas puedan conectarse entre sí.
Reportó: Tamia Páez
Para: Coral Noticias New York