En 2004, un estudio de la University of Texas analizó qué proporciones físicas podían asociarse con señales de salud y fertilidad en mujeres.
A partir de esos datos, durante años se señaló a Kelly Brook como uno de los ejemplos que más se acercaban a esas proporciones.
La modelo británica terminó siendo mencionada en numerosos artículos como una especie de “cuerpo ideal” según esos parámetros.
Pero el concepto sigue siendo limitado: un estudio puede medir proporciones, no definir una única forma correcta de verse.
Kelly Brook encajó en ciertos números. Eso no convierte a todos los demás cuerpos en menos válidos o menos atractivos.