La joven madre, identificada como K, relató que compró su primera casa a los 26 años y que por su extenso horario laboral solía quedarse en casa de sus padres, dejando la propiedad sola durante largos periodos.
Una mañana regresó y escuchó un ruido bajo su cama que inicialmente creyó que era un animal, pero al asomarse vio a un hombre escondido, a quien reconoció como un contratista que había trabajado en su jardín.
Tras huir y llamar al 911, la policía confirmó que el intruso había vivido allí por cuatro meses y había usado su comida, su ducha y la PlayStation de su hijo.