Crystal Hefner contó que la Mansión Playboy estaba lejos de la imagen lujosa que tenía en el exterior y que por dentro se sentía como un lugar viejo y rancio. Desde que llegó en 2009 comenzó a notar humedad, polvo y un fuerte olor a orina causada por el perro de la casa, Archie, quien orinaba frecuentemente las cortinas del pasillo. La propiedad, comprada por Hugh Hefner en 1971, tenía amplias áreas recreativas, pero el paso del tiempo y la falta de mantenimiento eran evidentes. La ex pareja de Hugh, Izabella St. James también recordó muebles gastados y olores fuertes, mientras un ex valet relató tareas de limpieza poco habituales. Años después, cuando se publicaron las memorias del magnate, se registró un brote de enfermedades respiratorias en cerca de 100 personas que habían visitado la mansión y una investigación realizada por el Departamento de Salud Pública del Condado de Los Ángeles relacionó esta afección respiratoria con la mala higiene de un jacuzzi en el lugar.