Lara llegó a Los Ángeles buscando fama, pero en dos meses encontró una pesadilla. Durante una grabación, contrajo un virus incurable que marcó su destino. Su error fue confiar demasiado, como ella misma confesó con dolor: “Pensé que las personas en esta industria eran las más higiénicas del mundo”.
Descubrió muy tarde que todo era una mentira. Detrás del maquillaje y las luces hay un mundo oscuro de abusos y lágrimas que los espectadores jamás ven. Lara pasó años entrando y saliendo de psiquiátricos, luchando contra sus demonios y sustancias para intentar olvidar.
Este negocio millonario vende fantasías, pero se alimenta del dolor real de jóvenes que en la mayoría de los casos solo buscan una oportunidad para surgir. ¿Qué pasa en realidad cuándo las cámaras se apagan?
Fuente: UPSOMEDIA