En Kennewick, Washington, un conductor de autobús escolar notó algo que lo inquietó: varios niños subían al autobús sin abrigos, gorros ni guantes en pleno invierno. No era una situación aislada, se repetía cada mañana.
Sin avisar a nadie, decidió actuar. Después de terminar su ruta, fue a una tienda y compró gorros y guantes con su propio dinero. Al día siguiente, los llevó al autobús y los entregó a los niños que los necesitaban, de forma discreta.
La historia de John Lunceford se hizo pública cuando otros padres y miembros de la comunidad se enteraron del gesto. Lo que empezó como una acción personal terminó inspirando donaciones y apoyo para más estudiantes.
No cambió el sistema, pero cambió el invierno de varios niños. A veces, eso también cuenta.
Fuente: Today / NBC News