El proyecto de ley sobre cómo deben usar los GAD sus recursos marcará la campaña electoral, donde los candidatos de Noboa están obligados a ganar la mayoría de alcaldías y prefecturas
En su relación con los gobiernos seccionales (alcaldías y prefecturas), Daniel Noboa ha sido un presidente atípico. A diferencia de varios de sus antecesores, que en aras de construir gobernabilidad y mantenerse estables, buscaron un diálogo institucional con estos dignatarios, bajo la idea de cubrir los intereses de los ciudadanos.
Gustavo Noboa fue un presidente municipalista. Claro, como él no pertenecía a un partido político, no tuvo lío en trabajar con Jaime Nebot, Paco Moncayo o el Corcho Cordero. Se esperaba que Noboa, quien llegó en noviembre de 2023 como un outsider, tuviera una relación armónica con los GAD. Pero más bien, las ha tensionado casi todas.
La guerra con Aquiles Álvarez es a muerte; el alcalde de Guayaquil tampoco ha desaprovechado oportunidad alguna para cuestionar al gobierno y venderse como una alternativa. El desdén que muestra Carondelet hacia el alcalde de Quito, Pabel Muñoz, cada día es más notorio, al ver que su popularidad como político no tiene la dimensión de la de Aquiles. Y con el alcalde de Cuenca, Christian Zamora, ni hablar. Su pelea en torno a la minería y el respeto de las fuentes hídricas.Hace pocos meses, Noboa presionó porque la Asociación de Municipalidades tuviera autoridades fácilmente maleables. Su estrategia ha sido cooptar a las alcaldías menores y así sortear, por ejemplo, los reclamos por los atrasos en las asignaciones que emanan del gobierno central.
Y mientras la AME luce fraccionada, el Régimen envió un nuevo proyecto de ley urgente para que al menos el 70 % de los dineros que reciben los GADS por esas asignaciones directas vayan a inversión y obras. Sin duda alguna, se trata de un proyecto importante, tomando en cuenta el grado de irresponsabilidad, mediocridad, corrupción e inconsecuencia que proyecta una buena parte de estas alcaldías y prefecturas, pensando siempre en el populismo, creyendo que los conciertos dan más votos que las obras de planificación.
Sin embargo, está por verse cómo reaccionarán esos sectores ante una propuesta que, de una u otra manera, les obligará a repensar el ejercicio de sus administraciones. Pero, sobre todo, ya se verá cómo esta ley marcará la campaña electoral por los gobiernos seccionales que arrancará entrado el segundo semestre.
Allí Noboa se enfrenta a una gran disyuntiva: que la mayor cantidad de sus candidatos a alcaldes y prefectos sortee el desgaste de la gestión del presidente y pueda ganar la contienda. De lo contrario, el frente de oposición que le surgirá a partir de mayo de 2027, en el terreno de lo local, puede minar la estabilidad propia de Carondelet.
Fuente: Walter González