Prometió engrandecer la escuelita y se hizo la gloriosa FACSO.
ANÉCDOTAS CON COQUIN ALVARADO 34 AÑOS DESPUÉS DE SU MUERTE.
*Anécdotas con el hombre a quien el periodismo moderno le recordará siempre.
Al cumplirse, este 19 de marzo, 34 años de la repentina desaparición del Lcdo. CARLOS ALVARADO LOOR, el eterno decano de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Guayaquil, y para que los nuevos estudiantes se enteren quién fue, qué hizo y cómo ingresó de alumno a la escuelita de Comunicación, que era antes, hasta que, con su fecundo trabajo, lleno de sueños e ideales y su lucha inquebrantable por el bienestar del pueblo, dejó como legado la histórica FACSO, que se levanta airosamente en URDESA central.
Esta nota va dirigida también, a los que falsean la verdad, vociferando que el Lcdo. Carlos Alvarado Loor, llegó armado a solicitar información y matricularse al Instituto Coello, donde la escuela de Ciencias de la Comunicación Social alquilaba espacios para el área administrativa y docencia, en las tardes y en la noche.
Antes habíamos funcionado en el colegio República del Ecuador, ubicado en las calles San Martín y Coronel y por unas semanas en la Facultad de Ingeniería Química.
Muchos no conocían a Coquin, por eso cuando supieron quién era en realidad, empezaron con el chisme y el cuento para que no le otorgaran la matrícula al primer año, que era lo que anhelaba.
Estas son una serie de anécdotas con el fundador de FACSO, aquel que se preocupó por construir la infraestructura para la futura generación de comunicadores, por aquello, y para rescatar la memoria del hombre a quien el periodismo moderno lo recordará siempre, decidí publicarlo, y lo hago después de tres décadas:
AÑO 1978
Corría el año 1978. El autor de esta nota, ya había conocido mucho antes al joven líder estudiantil, cuando frecuentaba las oficinas del Partido Nacionalista Revolucionario, creado por el Dr. Carlos Julio Arosemena Monroy y Aurelio y Cesáreo Carrera del Río, en el edificio de 8 pisos, en las calles Pichincha 829 entre Colón y Sucre, mi hermano Carlos (+) también lo conoció porque fue guardián en esa propiedad, pues laboraba para la Compañía de Construcciones Fénix, del señor Antonio Gómez Iturralde (+).
INSTITUTO COELLO.
Un día, me dijo el interiorano que era portero del Coello: ¡Don Walter le anda buscando un señor, yo le dije que usted estaba haciendo trámites en la casona! “No te dijo el nombre, si viene me llamas yo estaré adentro”, le respondí.
Media hora después retornó esa persona, era nada más que Carlos Alvarado Loor y me dijo, “loquito te ando buscando, me han dicho que tú eres el hombre fuerte aquí en esta escuelita, yo quiero estudiar periodismo, ayúdame, que yo te ayudaré cuando esté adentro, esta escuelita yo la voy a engrandecer, al mismo tiempo que me ponía en el bolsillo de la camisa, un billete de 50 mil grandes y devaluados sucres”.
Él, en esa época andaba ruleteando en un taxi, ofreciendo ese servicio. Siempre fue frontal mientras dialogamos brevemente ¿No me conoces?… “No, le dije”. Me respondió, soy Coquin Alvarado, “Oh ya, le contesté, pero quien te envió donde mí; se te ve con más años y pelado; yo te conocí hace años cuando ibas al partido de Carlos Julio, aquí a unas cuadras, en Pichincha. Disculpa, tráeme los papeles que yo veo cómo te matriculo, porque acaban de dar la orden de que te nieguen la matrícula”. Efectivamente fue así: El Lcdo. Jorge Dueñas, Manuel Arízaga y Humberto Alvarado Urrea, dieron esa orden al personal de Secretaría, integrado por dos ayudantes de secretarias y un conserje, que era yo.
Bueno, tráeme urgente el acta de grado, copia de tu cédula, las fotos no porque te pueden reconocer, las traes después, la solicitud se la compra en la Casona, me la firmas y nada más. “Chévere, voy a mi casa y te traigo, mejor espérame mañana a esta hora, pero aquí afuera”, respondió.
MATRICULADO
Eso fue un día martes, el viernes ya le tenía la orden, y la obtuve un día cuando Martha había pedido permiso para una cita médica, quedándose Marlene. Ella, “no era complicada” y atendía bien a los alumnos. Le dije: “por favor señora Marlenita, deme esta orden que es para un amigo”, como nos llevábamos bien- hasta ahora- me atendió de maravilla y tuve la ansiada orden en mis manos. En esa época la matrícula se cancelaba en la Casona. Llamé al convencional de su casa y le manifesté que ya tenía la orden para que la pague. Me dijo, ¡no, págala tú, todavía no es conveniente que me vean!
Al rato vino, me dio el dinero, cancelé la matrícula, la entregué en secretaría y la copia con el recibido, se la llevó.
¡Coquin estaba legalmente matriculado!
A los Alvarado, a ellos, a Coquin y su esposa, les entregué la escuelita “en bandeja de plata”, como se dice. Les llevé programas de estudios, horario de clases, lista de profesores, reglamento, estatutos y presupuesto, para que trabajen y consigan lo que querían para el futuro.
Si no hubiera sido por ellos, todavía estaríamos alquilando locales.
Los tres, nos reuníamos en su casa, cuando alquilaba una villa en las calles Acacias y Ficus, Urdesa, sin imaginarse que a pocas cuadras se levantarían los modernos edificios de la nueva era para la FACULTAD DE COMUNICACIÓN SOCIAL DE LA UNIVERSIDAD DE GUAYAQUIL.
LLEGA A CLASES
Coquin, llegaba puntual y aplicadamente a sus clases, éste que está aquí, escribiendo sus memorias, era guardián, conserje, mensajero, operador de mimeógrafo y supervisor que atendía a los profesores para indicarles horarios, aulas y controlar la asistencia, después fui operador de offset, en fin hacía todo los trabajos que me encomendaban, porque también colaboraba en las campañas para delegados estudiantiles de algunas facultades, cuando había elecciones de FEUE, AFU y LDU. No tenía horario fijo, sabía cuándo entraba, pero no tenía hora de salida.
Nunca bajé la cabeza, me gustaba mi trabajo, aprendía rápido, mientras que otros se aprovechaban, por ejemplo, después que pude escribir boletines y reportajes, otros cobraban como jefes y yo era el que los hacía; cuando se compró la primera máquina de imprenta, enviaron a dos personas a “aprender” al extranjero y yo la operaba sin haber ido a Durán, pero nunca reclamé, porque siempre quise que vean mi capacidad y no ser un “lamebotas” para ascender.
TÚ VAS A TRABAJAR PARA MÍ
Cuando ya los oportunistas lo tenían cercado. Conversando me preguntó: “loco, yo quiero que trabajes para mí, que publiques todo lo que yo hago, quiero que seas periodista. ¿Hasta qué año estudiaste?… Estuve en el Cinco de Junio y en el Seis de Marzo, hasta tercer año, le manifesté. “Mañana mismo vamos juntos para matricularte, y tengas tu título de bachiller y después, te matriculas en FACSO, pero dime apenas llegue a la Facultad, apenas me baje del carro”, ya estábamos en Urdesa.
Efectivamente así fue; fuimos al colegio y al revisar mis notas, le dijo al rector Medardo Chano Mora (+), hermano, “este pana trabaja conmigo, él ya es periodista, colabora para los diarios Meridiano, La Segunda y La Tercera, quiero que lo ayudes a que termine el bachillerato, para que continúe en la FACSO”. Así completé mis estudios y recibí mi ansiado título de Bachiller e ingresé a la FACSO, después. Gracias Coquin.
NO PARAS DE SORPRENDERME
Para ayudarme con un poco más de dinero, matrizaba todas las materias de primero a cuarto año y las vendía a los alumnos.
Coquin, me ve haciendo este trabajo en un escritorio grande que había a la entrada del Coello, me llama a un lado y me dice: “Oye loco tu no paras de sorprenderme, quiero que me presentes al pana que hace este trabajo; pero, ahorita…” ¡Soy yo!, le respondí, yo escribo, las imprimo en el mimeógrafo, las grapo y las vendo a 5 sucres, cada materia.
“No hermano, vamos haciendo negocio, todo lo que hagas me las vendes a mí que yo las obsequio a los estudiantes…” Bien mandado con esa oferta, tenía mi billete seguro sin tantos problemas… Por allí asomó Alfredo Vera Mejía, quien las vendía y como no laboraba para la UG, colaboraba diariamente para su manutención, pues, con sus hermanos habían llegado de Pichincha, provincia de Manabí.
Después llegó, Pablito Barre. Hasta que Coquin, los contrató.
Con esto y como al estudiantado le gusta todo a “vaca”, la popularidad de Coquin subió como la espuma, recordemos que no estábamos en la ciudadela universitaria, era pleno centro de la ciudad, con jóvenes y mayores de diversas clases sociales.
No estoy diciendo que fui yo quien “lo hizo” a Coquin, él ya era conocido mundialmente, sino que, por algunos años, vivió en algunos países y el último fue Chile, y cuando le robaron el poder a Salvador Allende, tuvo que salir, porque Pinochet, lo buscaba para meterlo preso.
Hacía tremendas fiestas del novato con conjunto musical, en las elecciones se entregaba buena comida y se hizo amigo de todos, designaba y apoyaba a los candidatos a la Asociación Escuela de Comunicación Social y delegados al Consejo Universitario, algunitos se quedaron de profesores por su “aprovechamiento”.
Tiempo después, se gradúa de Licenciado con las mejores calificaciones y se queda de profesor de planta, su esposa Alba Chávez (+) era encargada de la Secretaría y la doctora Cumandá Gamboa de Zelaya (+), la directora.
Después cuando el Honorable Consejo Universitario aprobó la creación de la Facultad de Comunicación, Alba Chávez fue la primera decana titular; Coquin, segundo al mando y empezó el cambio.
CAMBIO REAL DE LA FACULTAD.
Coquin siempre fue un hombre luchador, consiguió los terrenos para la FACSO, en URDESA, implementó la imprenta, cámaras fotográficas y de televisión para las prácticas de los estudiantes.
Su otro sueño, fue construir un moderno centro de convenciones, en el espacio que está hacia el bar, pero algunos resentidos, mediocres y vagos, después de su muerte, desaparecieron hasta la maqueta y los planos.
De aquellos estudiantes, algunos merecieron la cátedra, pero otros ni en sueño de perros debieron permanecer. Entre los maestros nacionales y extranjeros, me gané el afecto y la consideración de todos ellos, porque les ayudaba con sus contratos de trabajo, hasta que obtuvieron su nombramiento.
Igual para compañeros empleados y trabajadores, pero también destaco la calidad humana de Coquín, quién preocupado por todo su personal, les dio vivienda para que vivan dignamente y cerca del trabajo.
Una cosa que debo aclarar, a mí Coquin, no me llevó a trabajar como mucha gente dice de los “coquinistas”, cuándo él llegó, yo ya estaba allí, desde hace 6 años.
EL DÍA QUE NOS TOMAMOS EL COELLO.
Un día, Coquin quiso renunciar a su dignidad de sub decano y enseguida pensamos en hacer algo para que decline esa actitud.
Fue así que Freddy Noboa, actual miembro del Consejo de Facultad, y el autor de esta nota, decidimos “tomarnos el Coello”, exigiendo al portero de este colegio nos entregue las llaves, y hacíamos escándalo como que dentro del centro educativo había unas veinte, treinta personas o más, que solicitábamos la inmediata presencia del Lcdo. Carlos Alvarado Loor, para dialogar.
Como no quería acceder a nuestra petición y la prensa guayaquileña hacía eco de la pérdida de clases en ese centro educativo de prestigio, de doña Jacinta Coello de Pinto (+) paralizamos por dos días las actividades, hasta que se acercó y dijo: “todo está bien, no renunciaré, pero entreguen el colegio para que las chicas de la secundaria vuelvan a clases”.
Seguidamente abrimos la puerta principal de estas instalaciones y ¡oh sorpresa!, cuando nos vio, un poco molesto nos dijo: “este par de…solos han estado adentro y nosotros pensando que había estudiantes”, soltó una sonrisa y todo volvió a la normalidad.
CON JAIME PÓLIT.
Un sábado bauticé a mi segunda hija, de otro compromiso, y los padrinos fueron Jaime Pólit Alcívar y su esposa, porque eran conocidos de mi suegra, que había laborado con ellos y vieron crecer a Jaime Junior y Álex.
Coquin se enteró, me llamó a un lado, como siempre: “oye loco por qué no me has invitado al bautizo, yo quiero que me presentes a Jaime Pólit para hablar sobre lo que quiero hacer y sé que le va a gustar, dame la dirección que yo te caigo”.
Le manifesté que por favor vaya solo, porque la casa del suburbio era muy pequeña y pobre, no entraba mucha gente, entró y sus “amigos” le esperaron en el carro. Llegó como a las 9 de la noche, le presenté a Jaime Pólit Alcívar, rector de la Universidad de Guayaquil, y de inmediato hablaron largo como que se hubieran conocido toda la vida.
Es que Coquin poseía una labia que convencía a cualquiera, testigo de este encuentro, es mi amigo, profesor y fotógrafo jubilado Ricardo Verdesoto, que fue contratado para que tome las gráficas del recuerdo, y en donde él también aprovechó este encuentro para plantearle que se haga realidad un laboratorio para el revelado de fotos de los diferentes actos universitarios y no tener que pagar a la KODAK, el rector aceptó y los dos salieron contentos.
Así fue el inicio de esa amistad entre el Lcdo. Carlos Alvarado Loor y Jaime Pólit, que duró hasta la muerte.
Coquin prometió desde el inicio que esta escuelita, la tenía que engrandecer y ¡lo cumplió!!
Hasta en la despedida final, tuve la oportunidad de ayudar a su familia, con los trámites, eso queda en mi mente y en la de sus hijos Tania y Troy, porque Carlitos era pequeño.
Y no estoy sacando en cara, como podrían argumentar aquellos “fieles seguidores”, los que lo abandonaron en una de las elecciones para rector que se desarrollaba en el Coliseo Cerrado Voltaire Paladines Polo.
Sus enemigos le escupieron y lo vejaron, cuando los llamado a protegerlo estaban fuera del recinto. Pero él, caminando tranquilamente, se dio cuenta, que estaba a pasos de una de las escalinatas de salida, sacó su arma amedrentó a quienes le gritaban de todo, salieron despavoridos y se esfumaron. Las elecciones finalizaron sin más inconvenientes. Así era Coquin.
MI TRASLADO A OTRA DEPENDENCIA
Después de permanecer por espacio de 26 años ininterrumpidos, desde 1972, entre la pequeña escuelita con apenas 20 profesores y unos 40 alumnos, y después en la FACSO, con más de 3000 estudiantes, me enviaron a órdenes del Ab. León Roldós Aguilera, rector de aquel entonces, para que decida mi porvenir.
Fue por un incidente entre el Ab. Xavier González y el Lcdo. Humberto Alvarado Urrea (+), del cual fuimos testigos muchos de los que estábamos celebrando el Día del Padre, en la Facultad.
Dicho sub decano, después de haber sido mi amigo, me tildó de “traidor a la amistad” y solo porque no accedí a declarar en contra del también profesor y compañero Xavier, argumentando que le había faltado el respeto.
Es que ciertas personas, cuando llegaron a este cargo, se creyeron más que el decano y empezaron a relucir su maldad en contra de quienes laborábamos allí.
Otro quiso hacer cancelar sin ton ni son a algunos empleados administrativos, porque según él “no teníamos funciones”, y se hizo el suizo, diciendo al rector que no me conocía, cuando le dije que yo sí y desde que era estudiante.
Creo que, si Coquin hubiera estado vivo, jamás hubiera permitido el cambio, pero desgraciadamente murió en 1992 y este vergonzoso asunto donde perjudicaron mi hoja de vida, fue en 1999.
Como no hay mal que por bien no venga, llegué a la Coordinación de Posgrado, al mando de un científico como el Dr. Rodolfo Rodríguez Carrión (+), como Coordinador Administrativo y terminé mi relación de dependencia después de 14 años, también ininterrumpidos y como Administrador, completando 40 años en la UG.
Y durante este tiempo fui: primer trabajador en la escuelita y FACSO, primer delegado al Consejo Directivo, primero a Junta de Facultad y primer empleado del Consejo de Posgrado hoy Unidad de Posgrado Investigación y Desarrollo.
MI HOMENAJE.
Este es mi homenaje al amigo, al decano, de quien aprendí bastante, pues, siempre que escribía, me le ponía detrás del asiento, y me decía “loquito, nunca te me pongas detrás que me pones nervioso, quieres aprender, siéntate a mi lado”, y de verdad que aprendí, quizás el único que lo hizo, porque “algunitos”, no generalizo, ni para eso sirvieron y vegetaron hasta jubilarse después de años de incesante “trabajo”.
Ojalá tuvieran la oportunidad de tener los huevos y gratitud para escribir y agradecer lo que este hombre hizo por la mayoría de los que trabajamos en esta unidad académica, gloriosa en sus inicios, pero quienes continuaron después de su muerte, traicionaron los ideales de progreso y bienestar, y solo sirvieron para beneficiarse gracias a los dimes y diretes.
Estimados amigos, quedan pendientes algunos episodios, por ejemplo: Los coyoteros, Las abejas asesinas, La confusa muerte de Antonio Robles, Amores pasajeros y noche de orgía, El primer bus, Los chocolitos, El fin del delfín, Xavier y su lancha, Las rifa tortas, Ta rica la grifa, los ternos de graduación de don cabezón, El confinamiento de Coquin en la casona, El dinamitazo al Volvo, El movimiento 6 pelagatos, Los pasquines Mano negra, El cronista y El Plumífero que revolucionaron en el Coello.
En fin, son tantas historias que constan en mi cpu (cerebro) que funciona gracias al Altísimo, sin ningún malestar, a mis 71 años, convirtiéndome en el “dinosaurio” -como llamaba la Fatuly, a los jubilados- que estuvo en la antigua escuelita, que Coquín la convirtió en FACSO y que soportó la más criminal pandemia que sigue azotando al mundo.
¿Cómo la ves mijo
II PARTE
LAS ABEJAS ASESINAS
Era un grupo de chicas estudiantes de aquella época que tenían enredos amorosos con docentes y empleados, quienes además servían de damas de compañía para conferencistas extranjeros que llegaban a dictar cursos en seminarios de graduación de los futuros comunicadores. Al retornar a sus países de origen, volvían con sus amores de siempre.
LA MUERTE DE ANTONIO ROBLES
Antonio, fue un joven que recién había entrado a laborar como empleado administrativo, era una persona belicosa cuando estaba con tragos, recuerdo que esa noche, antes de la balacera que terminó con su vida, me invitó unos tragos, le dije que no y solo por eso me pegó un buen puñete en el estómago que me dejó sin aire, en esos momentos salía de sus clases mi compadre Francisco Medina Manrique y me dijo ¡ya se va a la casa compadre, vámonos!
Y cogimos la buseta de la 64 que nos llevaba a la ciudadela La Floresta. Al otro día al llegar a cumplir con mis actividades, como de costumbre, fuera del Coello, estaba lleno de policías que investigaban el hecho, en la esquina de Chimborazo y Avenida Olmedo, me encontré con Pedrito Espinoza (+), quien me puso al día en las noticias, fue una balacera entre unos sujetos que disparaban desde la entrada principal de la Caja del Seguro, dieron bala a los que se encontraban afuera del colegio secundario y murió Antonio Robles y un primo de los hermanos Vera. Y todo quedó frío hasta la fecha se sabe quiénes fueron los causantes de esta desgracia.
AMORES PASAJEROS y NOCHE LOCA
No voy a dar nombres, pero una noche, estaba un grupo de profesores y estudiantes, tomándose unos tragos afuera del instituto y con el calor del alcohol optaron por seguir la fiesta dentro de las instalaciones, fue allí cuando dieron rienda suelta a sus bajos instintos aprovechándose de algunas compañeras ebrias, a unas le gustaba lo que hacían, pero otras no, quienes con lágrimas recordaron esa triste noche y nunca olvidarán cuando perdieron la dignidad, por aquellos que decían ser sus compañeros y amigos.
EL PRIMER BUS DE FACSO.
Como administrador encargado de la FACSO, conjuntamente con el señor Hugo Robins Cedeño, primer conductor que tuvo el vehículo de la Facultad, nos trasladamos hasta el cantón Durán, a retirar el bus que la Universidad de Guayaquil había adquirido para las prácticas de los estudiantes.
Dimos algunas vueltas para probar la máquina y al llegar la noche llegamos a los predios, no había clases, pero se encontraban algunas chicas quienes nos vieron y se acercaron a conocer el nuevo automotor y quisieron dar una “vueltita”.
Luego pidieron unas chelitas y querían bailar, así que, fuimos a parar a un centro nocturno, ubicado en las calles Portete y Guerrero Valenzuela, ya no existe, y al sentarnos, el mesero de aquel bailadero nocturno, pidió los carnés a las chicas, fue cuando todas dijeron, ¡señor aún la Facultad no entrega las credenciales estudiantiles! Ellas pensaban que les pedían las credenciales universitarias y lo que les solicitaban era el “carné para trabajar en el antro”.
Cuando se dieron cuenta donde estaban, porque vieron cómo estaban vestidas las chicas de la noche, salieron inmediatamente.
Don Hugo dejó botado el trabajo por una llamada de atención que le hizo Coquin, en su reemplazo quedó Raúl “Chocolito” Robins y luego su hijo que lleva el mismo nombre.
LOS TERNOS DE GRADUACIÓN
Llegó la hora para que los “muchachos” de Coquin se gradúen después de haberse “quemado las pestañas estudiando hasta la madrugada” y fue allí que, por la falta de dinero, no tenían como alquilar o comprarse un terno, así que el eterno decano, ofreció prestarle uno a Óscar Vélez y José Iglesias, quienes se los probaron, quedándoles a la medida, pero hasta ahora los devuelven.
EL DINAMITAZO DEL VOLVO
Eran las 6 de la mañana y suena el teléfono convencional de mi departamento, contestan y me dicen es el Lcdo. Carlos Alvarado de FACSO.
¡oye loco, ven inmediatamente a mi casa que quiero que me hagas una rueda de prensa y boletines porque me dinamitaron el carro!
¡Licenciado estoy pluto!
¡No me interesa, no te pregunto cómo estás, coge un taxi y te vienes inmediatamente a mi casa!
Todo chuchaqui y con mala noche, acudí a lo solicitado encontrando un poco de gente que se había ido a solidarizar, nada más, pero que no eran capaces de llamar a ningún medio de comunicación, peor escribir un boletín de prensa.
Recibí la información, escribí el boletín y fui a entregarlos personalmente a los periódicos. ¡Y se hizo el escándalo!
PANCHO JAIME EN FACSO.
A Pancho lo había conocido cuando frecuentaba los 16 años, cuando me la tiraba a hippy, años después, fue a pedir información en el Coello y nos encontramos, ¡hermano, trabajas aquí, quiero matricularme! ok trae los papeles.
Ya tenía la revista Comentarios de Pancho Jaime, un día me entero que iba a publicar un artículo en contra de la esposa de Coquín y le comenté, contestándome, ¡averigua dónde imprimen esa webada! Ok le respondí. Le conseguí la copia de la página con el texto y foto y le di la dirección, al otro día, fue a la imprenta le incautó todas las revistas y las quemó. Nunca más apareció Pancho Jaime por las instalaciones de nuestra querida Facso.
MANO NEGRA, EL PLUMÍFERO Y EL CRONISTA
Éramos un solo grupo, nos apoyábamos, fuimos leales, después la gente cambió, no todos, pasábamos horas y horas en la secretaría y nos quedábamos hasta altas horas de la noche, un día, nos dio por hacer un pasquín, con Pepe Iglesias, Freddy Noboa, Nicolás Manjarrez, Ernesto Morán y yo.
Ahí nació Mano Negra, un “periódico informativo” que, además, denunciaba ciertas irregularidades de los “gallobellos”, por aquello, fue “clausurado” en algunas ocasiones.
Luego salió el Plumífero y al final salió un tabloide llamado EL CRONISTA, con 6 páginas y toda la información de FACSO, por el costo y como nadie daba un centavo para su publicación, solo con lo que yo ponía de mi sueldo, decidí nunca más publicarlo, porque la gente no apoya, sino que quieren todo a vaca.
Allí nació Alternativa, órgano de la FACSO.
Pero al menos empecé haciendo lo que me gusta y sigo escribiendo en las redes sociales, noticias, reportajes y editoriales sobre la ciudad, el país y el mundo, mientras otros guardan silencio teniendo su cartoncito guindado en un clavito, en la sala de su casa o publicando lo que comen.
LA PININA DEL COELLO.
Carmita Villaquirán era una señorita de avanzada edad, que le gustaba el respeto y la consideración, nada de groserías ni la patanada que a veces vociferaban los estudiantes universitarios que se acercaban con gritos a la secretaría.
“Señores hagan silencio que nuestras alumnas están en clases”, refiriéndose a los del Instituto Coello. Los jóvenes, le pusieron Pinina, por lo chiquita, colorada y delgada, y se ponía furiosa cuando le decían ¡tranquila Pinina!
TODO TIENE SU FINAL.
Con la muerte del líder de FACSO, se acabaron los privilegios de muchos, tanto de la Facultad y del resto de las unidades de la ciudadela, que llegaban a pedir “ayuda” para esto y para campañas, y no era más que la sinvergüencería con el fin de obtener beneficios personales.
Se acabaron los viajes, los viáticos, los permisos, los “cursos” internacionales donde algunos viajaron a divertirse y conocer países de Norte, Centro, Sudamérica y Europa, así como también el pedido de partidas para la familia, hijos, yernos y entenados, también para el marido de sus queridas.
Atrás quedaron las viejas disputas por ser el can preferido, formaron grupos, el que llevaba más chismes y cuentos, se tornaba en el perro de turno 24/7, la gente perdió la vergüenza cuando en lugar de esto, se hubieran preocupado en seguir su huella y mejorar el trabajo de Coquin y su esposa.
Algunos llegaron hasta jubilarse sin haber hecho algo por la Facultad, y eso que hasta percibían doble sueldo, por eso recalco, solo fueron buenos para acumular títulos, pero nunca aprender.
Coquin tuvo mucho para enseñar, pero nadie quiso seguir los pasos del único ser solidario, humano e inteligente que tuvo esta academia.
FALTA UNA TERCERA PARTE…