noviembre 29, 2025

CRISIS EN ADN Y EL CORREÍSMO

Se supone que son las dos fuerzas políticas más importantes en la actualidad. Sin embargo, sus respuestas frente al momento posconsulta por el que atraviesa el país demuestran la languidez de sus líneas de acción. Auténticos tiros en el pie.

ADN, el movimiento del presidente Daniel Noboa, carece de cuadros y relevos importantes que sostengan los giros urgentes que el Gobierno tiene que dar para que evitar que la victoria del No derive en una crisis inmanejable.

En lugar de abrir el paraguas y plantear un diálogo multisectorial que encare las reformas que ya no se podrán hacer en una constituyente y que enderecen los problemas de gestión del Régimen, el oficialismo prefiere el encierro en cuatro paredes.

Los bullados cambios en el gabinete no son más que un reciclaje interno de figuras que más allá de sus fortalezas y debilidades particulares, no sugieren un replanteamiento integral.

¿Hay algún otro sector que no sea del círculo casi religioso que Noboa demanda de sus colaboradores que prometa aire fresco?

No, puros actos de fe que terminarán por empantanar más la administración pública. El enredo político y judicial en el que se metió Harold Burbano por gestionar las denuncias contra Álvaro Rosero, le hacen muy mal en sus horas iniciales como Ministro de Trabajo. Asume desgastado.

El punto más delicado está en el sector de la Salud, donde la vicepresidenta María José Pinto tiene la tarea de mejorar las cosas. Y en corto tiempo, para no consumir capital político.

Además, se desconoce cómo y cuándo Noboa explicará su visión de este momento. Si las incondicionalidades tóxicas chocan en el oficialismo, ¿qué se puede decir de los que Rafael Correa exige dentro de la Revolución Ciudadana? La tarde de este jueves 20 cuestionó a Marcela Aguiñaga (y no a Aquiles Álvarez) por haberse reunido con Lourdes Tibán.

Prácticamente, le puso las tres cruces al asegurar que no apoyará su reelección como prefecta del Guayas por el correísmo. Una posición que denota inmadurez e intolerancia porque en su agrupación persiste una marcada división desde las elecciones de abril. Además, Correa se vuelve impredecible porque un día antes cuestionó el radicalismo con el que Luisa González se refirió a Aquiles Álvarez al descartarlo como un eventual candidato de la tendencia.

Dijo que la actual titular del movimiento político “se contiene menos que él”. Lo que parecía un guiño de ojo a la militancia y los aliados que, como Álvarez y Aguiñaga, reniegan de la conducción de González, no pasó de una declaración anecdótica. Así, con actitudes como esta, pierde la política.

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