En la década de 1920, la moda de baño femenina estaba bajo estricta regulación en varias ciudades de Estados Unidos.
Los trajes de baño considerados “demasiado cortos” podían llevar a multas, expulsiones de la playa e incluso arrestos.
Las autoridades medían la longitud de los bañadores para asegurarse de que no mostraran más de 15 centímetros por encima de la rodilla, y cualquier infracción podía tener consecuencias legales.
Por ejemplo, en Atlantic City en 1923, se prohibieron los trajes de baño de una sola pieza que dejaban las piernas al descubierto; cincuenta mujeres fueron expulsadas de la playa por desafiar la norma. En Chicago, en 1922, una mujer fue arrestada por usar un bañador que hoy se consideraría conservador, solo por incumplir la regla de los “trajes de baño breves”.
Estas estrictas regulaciones reflejaban las normas sociales y morales de la época, que buscaban controlar la exposición del cuerpo femenino en espacios públicos. Sin embargo, con el tiempo, la resistencia de las mujeres y la evolución cultural llevaron a la relajación de estas restricciones, dando paso a una mayor libertad y autonomía en la forma de vestir y disfrutar de las playas.
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Fuente: Datos Perturbados