El empresario tecnológico Bryan Johnson volvió a generar polémica al someterse a un procedimiento poco común: un intercambio total de plasma.
En este proceso, su sangre fue reemplazada por una solución compuesta principalmente por inmunoglobulinas y albúmina, sustancias utilizadas en ciertos tratamientos médicos. La intención: explorar si este tipo de intervención puede ayudar a combatir el envejecimiento.
Aunque técnicas como la plasmaféresis sí tienen aplicaciones clínicas específicas —por ejemplo, en enfermedades autoinmunes— su uso con fines antienvejecimiento es inusual y aún no cuenta con respaldo científico sólido.
Expertos señalan que este tipo de prácticas no solo son experimentales, sino que también pueden implicar riesgos importantes, desde reacciones adversas hasta complicaciones médicas más serias.
El caso abre una pregunta que cada vez gana más atención:
¿hasta dónde debería llegar la ciencia —y quienes pueden costearla— en la búsqueda de una vida más larga?
Fuente: DATO TECA