De extra en el INBA a robarle el aliento al mismísimo Marlon Brando, la trayectoria de esta diva fue un auténtico torbellino de éxitos internacionales que cruzó fronteras desde Hollywood hasta España.
Su leyenda comenzó entre bambalinas, pero el destino le tenía preparada una alfombra roja de lujo.
Tras deslumbrar en el teatro como Ana Frank, el productor Frank Rosenberg quedó prendado de su mística, llevándola directo a coprotagonizar El rostro impenetrable con el rebelde de Hollywood. Pero Pina no olvidó sus raíces: nos regaló una actuación inolvidable en la joya del cine nacional, Macario, junto al gran Ignacio López Tarso. Entre aplausos en España con Rogelia y una lluvia de galardones por Días de otoño —donde arrasó con la Diosa de Plata y cuanto premio se le puso enfrente—, Pellicer demostró que para ser eterna no hace falta tiempo, sino esa chispa divina que solo las grandes estrellas poseen.