La historia de Jacob Elordi nos recuerda que el verdadero impulso a veces viene de casa.
Contó que su mamá imprimía camisetas con la cara de cada personaje que interpretaba, aunque fueran papeles pequeños, solo para “llevarlo cerca del corazón” y recordarle que siempre estaba orgullosa de él.
De niño, ella incluso se ofrecía como voluntaria en el comedor de su escuela para estar allí cuando él llegaba a almorzar: “Ya estaba allí cuando yo entraba, era su manera de decirme que nunca estaba solo”.
Sobre su papá, Jacob dijo que es el tipo de hombre que siempre ha querido ser: tranquilo, firme y presente. Una influencia que sigue con él, incluso ahora que su nombre brilla en todas partes.
A veces, el motor más grande viene del amor familiar.