En 2001, la carrera de Winona Ryder parecía acabada. Fue arrestada en una tienda de lujo en Beverly Hills por robar 5,000 dólares en ropa, incluyendo un suéter de diseñador. El mundo entero la juzgó y las portadas la destrozaron.
Pero Marc Jacobs, el dueño de la marca que ella intentó robar, vio algo que nadie más vio: una oportunidad.
En lugar de demandar o vetar, Jacobs confesó que se sintió “halagado” de que una estrella de cine quisiera robar sus diseños. ¿Su jugada maestra? La contrató como el rostro oficial de su nueva campaña mundial.
Winona no solo recuperó su imagen, sino que ambos facturaron millones gracias a la polémica.
Una lección brutal de que, en los negocios, a veces los peores errores pueden transformarse en las mejores estrategias 💼📈.