En 1947, General Mills lanzó una promoción de su cereal Kix que incluía un anillo “Atomic Bomb”, un pequeño dispositivo que contenía polonio-210, un material altamente radioactivo.
El anillo funcionaba como espectroscopio, permitiendo a los niños observar destellos de radiación en la oscuridad. A pesar de su nombre y contenido, la cantidad de radioactividad era tan mínima que no representaba peligro real.
La iniciativa reflejó la fascinación de la posguerra por la energía atómica, un concepto que hoy sería completamente inaceptable por los riesgos que implicaría.
Fuente: UPSOMEDIA