febrero 7, 2026

GUAYAQUIL DESPIDE A MONSEÑOR ARREGUI EN LA CATEDRAL METROPOLITANA

La Catedral Metropolitana permanecerá abierta durante toda la madrugada para recibir a los fieles. Las misas de cuerpo presente continuarán hasta el sábado 7 de febrero, día en que sus restos serán sepultados en la cripta del templo.

Desde la tarde de este jueves, la Catedral Metropolitana, ubicada en el centro de Guayaquil, se ha convertido en el punto de encuentro para los feligreses que acuden a darle el último adiós a Monseñor Antonio Arregui, Arzobispo Emérito de la urbe.

El féretro, rodeado de arreglos florales blancos y un retrato de Arregui, permanece en la nave central del templo, donde se desarrollan tres misas diarias para honrar su memoria y legado pastoral.

Para facilitar la asistencia de quienes deseen rendir homenaje al prelado, la administración de la Catedral ha confirmado que las puertas permanecerán abiertas durante toda la madrugada de este viernes.

El cronograma de actos fúnebres continuará de la siguiente manera:Viernes: Se celebrarán misas de cuerpo presente desde las 08:00 hasta las 21:00. Sábado 7 de febrero: Las ceremonias religiosas se retomarán a las 08:00.

El acto final de despedida tendrá lugar el sábado a las 23:00, con una misa solemne que será presidida por el Cardenal Luis Cabrera.

Tras la conclusión de la eucaristía, los restos de Monseñor Antonio Arregui serán trasladados a la cripta de la Catedral, donde reposarán de forma definitiva.

Trayectoria de Monseñor Antonio Arregui

Ecuador despide hoy a una de las figuras más influyentes de su Iglesia contemporánea

Antonio Arregui Yarza nació en Oñate, España, el 13 de junio de 1939. Perteneció a esa estirpe de líderes cuya presencia se hacía sentir más por la hondura de sus actos que por la estridencia de sus palabras.

Su vida, tejida entre la academia, la pastoral y la acción social, deja una marca indeleble en el Ecuador, país que adoptó como suyo y al que sirvió hasta el final.

Monseñor Arregui era Doctor en Derecho Canónico y en Jurisprudencia. Ingresó al Opus Dei en 1957 y fue ordenado sacerdote en Madrid en 1964. Un año después llegó a Ecuador, donde comenzó una extensa labor como:Profesor. Director de instituciones eclesiales. Guía espiritual de jóvenes, familias y trabajadores.

Su trayectoria episcopal inició en 1990, cuando Juan Pablo II lo nombró obispo auxiliar de Quito. Más tarde fue obispo de Ibarra, administrador apostólico de Tulcán y, a partir del 7 de mayo de 2003, Arzobispo de Guayaquil, sede que marcaría profundamente su legado. Durante su periodo presidió la Conferencia Episcopal Ecuatoriana y participó en sínodos internacionales, consolidando su rol como una de las voces más respetadas de la Iglesia en el país.

Más allá de los títulos, Arregui permaneció siempre cerca de la gente. En los barrios populares del noroeste de Guayaquil, su imagen quedó asociada a la bondad sencilla, la sonrisa franca y el gesto amable que acompañaba obras concretas:La creación del Centro Pastoral Indígena de la Prosperina. El fortalecimiento de la Red Educativa Arquidiocesana con sus 40 planteles. La fundación de la red de dispensarios médicos. Programas de atención para personas con VIH.

Su obra más visible: el Banco de Alimentos Diakonía, surgido en 2011 para aliviar el hambre de los más necesitados.

En momentos críticos del país, no dudó en adoptar una postura política que, en más de una ocasión, le conllevó críticas desde el poder.

La renuncia a su cargo como Arzobispo de Guayaquil fue aceptada por el Papa Francisco en 2015, tras cumplir la edad canónica. Pero su influencia se mantuvo viva en obras sociales, en escuelas que siguen educando, en dispensarios que aún atienden y en comunidades que recuerdan su amabilidad y liderazgo sereno.

Monseñor Antonio Arregui se ha ido, pero deja un legado que no necesita monumentos, porque está inscrito en las obras que impulsó y en el corazón de quienes encontraron en él al guía cercano, íntegro y profundamente humano.

Fuente: Ecuavisa