El caso de Nataxa, una adolescente con parálisis cerebral, expone una vez más las brechas estructurales de un sistema educativo que promete inclusión, pero que en la práctica sigue dejando fuera a quienes más apoyo necesitan.
Por Esteban Medina
El primer día de clases de Nataxa no terminó en una sala ni en un recreo compartido, sino en una nueva incertidumbre. A sus 15 años, y con parálisis cerebral, su ingreso a un liceo volvió a enfrentarse a una realidad que su familia conoce demasiado bien: establecimientos que aseguran estar preparados para incluir, pero que no cuentan con las condiciones mínimas para hacerlo.
Katherine San Martín, su madre, tiene 37 años y una vida marcada por el cuidado. Entre hospitales, traslados complejos y trabajos esporádicos como diseñadora de moda, sostiene el día a día de su hija junto a su pareja. “Soy cuidadora de mi hija y a veces trabajo en ferias de emprendimiento”, describiendo una rutina de lucha y desgaste frente a constantes adversidades.
Fuente: PRESSENZA