Kaley Bosa, con solo 21 años, recibió un diagnóstico que muchos asocian al tabaquismo crónico. Tras años vapeando una vez por semana, comenzó con síntomas que parecían menores y que incluso fueron minimizados en consultas médicas. Cuando finalmente confirmaron la enfermedad, su vida dio un giro abrupto: enfrentó cirugía, complicaciones y un tratamiento intensivo que dejó secuelas físicas y emocionales.
Hoy comparte su experiencia como una advertencia sobre los posibles riesgos del vapeo, cuyos efectos a largo plazo aún no están completamente esclarecidos.
Fuente: upsomedia