junio 7, 2026

Kiesler le importaba mucho más luchar contra los nazis que hacer películas

En 1933, una joven y bella austriaca se desnudó para un director de cine. Corrió desnuda por el bosque y nadó desnuda en un lago.
Si bien King Kong fue la película más popular de ese año, todo Hollywood estaba completamente revolucionado por este escandaloso filme.

Louis B. Mayer, el poderoso jefe del gran estudio MGM, la consideraba, sin dudarlo, la mujer más bella del mundo.

La película, titulada Éxtasis, fue prohibida en muchos países, un hecho que solo sirvió para hacerla aún más famosa y valiosa.
Según se cuenta, el dictador Benito Mussolini se negó rotundamente a vender su propia copia a ningún precio.

La protagonista de la película era Hedwig Kiesler.

Ella solía bromear diciendo que el secreto de su belleza era simplemente “quedarse ahí parada y parecer tonta”. Pero la realidad era muy diferente: Kiesler distaba muchísimo de ser tonta.

El matrimonio con el fabricante de armas
Cuando Kiesler grabó Éxtasis, estaba casada con Friedrich Mandl, uno de los hombres más ricos de Austria y el principal fabricante de armas del país; una empresa que, posteriormente, suministró armamento a los nazis.

Mandl presumía constantemente de su bella esposa en importantes cenas con líderes fascistas austriacos, italianos y alemanes. En estas reuniones, a las que asistieron figuras como Adolf Hitler y Benito Mussolini, Mandl solía hablar abiertamente sobre la tecnología de los misiles y los torpedos teledirigidos.

Kiesler, siendo judía, odiaba a los nazis y se oponía firmemente al negocio de su marido. Al notar su rebeldía, Mandl la castigó encerrándola en su castillo, el Schloss Schwarzenau.

Una fuga de película
En 1937, ideó un plan perfecto para escapar: drogó a su criada, se disfrazó de ella y vendió sus joyas para costearse un viaje a Londres.

Escapó justo a tiempo. En 1938, Alemania se anexionó Austria y confiscó la fábrica de Mandl. Su exmarido, al ser medio judío, tuvo que huir a Brasil, y posteriormente se convirtió en asesor del presidente argentino Juan Perón.

Mientras tanto, en Londres, el destino de Kiesler cambió. Conoció a Louis B. Mayer y firmó un contrato a largo plazo con MGM, convirtiéndose rápidamente en una de sus mayores estrellas. Participó en más de 20 películas, actuando junto a leyendas como Clark Gable, Judy Garland y Bob Hope. Cada una de sus primeras siete películas con el estudio fue un éxito rotundo.

Sin embargo, a Kiesler le importaba mucho más luchar contra los nazis que hacer películas.

La invención que cambió la historia
En 1942, en la cima absoluta de su fama en Hollywood, desarrolló un nuevo sistema de comunicación para enviar mensajes codificados que no podían ser interferidos. Este sistema tenía la capacidad de guiar torpedos y bombas para que siempre alcanzaran sus objetivos, una tecnología diseñada específicamente para combatir a las fuerzas nazis.

Para la década de 1940, tanto los nazis como las fuerzas aliadas utilizaban una tecnología similar controlada por radio, la misma que su exmarido había promovido en aquellas cenas de gala.

Hoy en día, la mayoría de la gente probablemente desconozca el nombre de Hedwig Kiesler, o su pseudónimo Hedy Markey. Pero muchos sí recordarán a una de las bellezas más icónicas de la época dorada de Hollywood: Hedy Lamarr.

Ese fue el nombre que Louis B. Mayer le dio a su actriz estrella; la mujer que demostró que el verdadero poder no estaba en su físico, sino en su mente.

FUENTE BRAINDEDD

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