La agricultura ecuatoriana atraviesa uno de los momentos más desafiantes de su historia reciente. Sequías prolongadas, heladas inusuales, inundaciones y nuevas presiones sanitarias están redefiniendo la forma de producir alimentos en el país. Frente a este escenario, la innovación, la gestión eficiente del agua y el manejo responsable de residuos se posicionan como pilares clave para la resiliencia del sector.
Así lo señala Stephanie Valquinta, Country Manager de BASF Ecuador, quien destaca que el principal reto es claro: “mantener la productividad en condiciones climatológicas, de mercado y geopolíticas (entre otras) cada vez más desafiantes, produciendo más con menos recursos y protegiendo al mismo tiempo el suelo, el agua y la biodiversidad”.
Clima extremo: el nuevo normal del agro ecuatoriano
El cambio climático se está manifestando de forma cada vez más evidente en las zonas agrícolas del país. Cultivos clave como banano, arroz, maíz y papa se desarrollan hoy en condiciones más variables que antes. Mientras en la Costa se registran períodos más prolongados de poca lluvia, en la Sierra se presentan episodios de bajas temperaturas y heladas. A esto se suman lluvias intensas en ciertas regiones, influenciadas tanto por la variabilidad climática natural.
A esto se suma un aumento en plagas y enfermedades, impulsado por cambios en temperatura y humedad, así como estrés fisiológico en las plantas debido a condiciones climáticas cada vez más variables. Este contexto no solo compromete la productividad, sino que pone en riesgo la seguridad alimentaria y la competitividad agrícola del país.
En medio de este panorama, el agua se ha convertido en el recurso más estratégico del agro. Su gestión eficiente ya no es una opción, sino una condición para sostener la producción.
Tecnologías como el riego por goteo, sensores de humedad, monitoreo satelital y el uso de drones están transformando la forma en que los agricultores toman decisiones. Estas herramientas permiten aplicar el agua con precisión, reducir desperdicios y anticipar situaciones de estrés hídrico.
“Hoy, la agricultura necesita ser cada vez más inteligente y guiada por información precisa. La combinación de herramientas tecnológicas, buenas prácticas agrícolas y el uso de soluciones productivas permite optimizar cada gota de agua y mejorar la resiliencia de los cultivos”, explica Stephanie Valquinta.
Cultivos como banano, arroz, maíz, papa y café son especialmente sensibles a la disponibilidad hídrica, lo que hace indispensable un manejo técnico y planificado del recurso.
Innovación agrícola: clave para la resiliencia
Ante estos desafíos, la innovación se consolida como el principal aliado del agricultor. Desde semillas con genéticas más resistentes hasta bioestimulantes y soluciones fitosanitarias avanzadas, la tecnología está permitiendo fortalecer la capacidad de adaptación del agro.
Empresas como BASF, entienden que estos aspectos son fundamentales y que el éxito no es casual: se cultiva. Por eso han desarrollado Cosecha Ganancias, un sistema integral que acompaña al agricultor en los momentos más críticos del ciclo productivo, con soluciones diseñadas para maximizar el potencial de cada planta.
Cosecha Ganancias es mucho más que un concepto. Es una estrategia técnica y de negocio que se basa en el conocimiento agronómico, la innovación y un portafolio diverso de soluciones BASF. El ciclo del cultivo se divide en momentos clave, ofreciendo herramientas específicas para cada etapa, desde el inicio hasta la cosecha. El objetivo es claro: ayudar al agricultor a obtener más rendimiento, mejor calidad, seguridad y finalmente, mayor rentabilidad.
El sistema incluye soluciones para:
• Selección de variedades con un alto rendimiento y cosechas de calidad.
• Protección contra plagas con productos eficaces y seguros.
• Control de malezas que compiten por recursos y afectan el desarrollo.
• Manejo de enfermedades causadas por hongos y virus de manera preventiva antes de tener un impacto negativo.
• Uso de coadyuvantes que optimizan el desempeño de cada gota de las soluciones.
Cada componente del sistema está diseñado para trabajar en sinergia, permitiendo al productor tomar decisiones informadas y aplicar soluciones precisas en el momento adecuado.
Además, la agricultura digital, con herramientas de monitoreo en tiempo real y modelación climática, está facilitando decisiones más precisas, reduciendo el uso de insumos y mejorando la eficiencia productiva.
En Ecuador, iniciativas como el uso de drones agrícolas han demostrado mejoras significativas: mayor precisión en aplicaciones, reducción del consumo de agua y optimización de recursos.
Residuos agrícolas: hacia una economía circular en el campo
Otro eje fundamental es el manejo responsable de residuos. La actividad agrícola genera desde restos orgánicos hasta envases de agroquímicos, cuya disposición inadecuada puede afectar el suelo, el agua y la salud humana.
En este contexto, programas como CampoLimpio, impulsados en el país con participación de empresas como BASF, han logrado avances importantes en recolección, reciclaje y capacitación. Solo en 2025, se recolectaron más de 500 kg de envases vacíos, junto con la instalación de un nuevo centro de acopio y jornadas comunitarias de sensibilización.
Estas acciones reflejan una transición hacia modelos más sostenibles, donde la economía circular empieza a ganar terreno en el agro ecuatoriano. Más allá de la sostenibilidad, el sector avanza hacia un enfoque regenerativo: sistemas productivos que no solo conservan, sino que restauran los recursos naturales.
Prácticas como la rotación de cultivos, la siembra directa y la promoción de biodiversidad están demostrando que es posible producir alimentos mientras se mejora la salud del suelo.
A nivel global, BASF reporta avances significativos en este camino, con millones de hectáreas optimizadas mediante tecnologías digitales y metas ambiciosas hacia 2030 en agricultura sostenible y reducción de emisiones. Para BASF, el mensaje es contundente: la sostenibilidad no es una tendencia, sino la base del futuro agrícola.
“Producir más y mejor, cuidando el suelo, el agua y la biodiversidad, es el camino. Esta transformación requiere innovación, compromiso y trabajo conjunto de toda la cadena agroalimentaria”, concluye Valquinta.
En un contexto de cambio climático acelerado, el agro ecuatoriano enfrenta grandes desafíos, pero también una oportunidad: reinventarse a través de la ciencia, la tecnología, la colaboración entre los distintos actores de la industria y una visión sostenible que garantice su futuro.