marzo 18, 2026

Las Manos del Ecuador, 24 años después

Guayaquil, 17 de marzo de 2026. Veinticuatro años han pasado. Un cuarto de siglo, pero con la intensidad de una eternidad.

Así late el corazón de Las Manos del Ecuador, el libro que Antonio Rodríguez Pazos editó en el 2002 para desnudar el alma deportiva de José Francisco Cevallos.

No fue un lanzamiento cualquiera: fue la coronación de un sueño colectivo, justo cuando la Tricolor clasificaba a su primer Mundial efectuado en Japón y Corea.

Aquellas páginas capturaron el rugido de un pueblo, las manos que detuvieron lo imposible y un amor por el fútbol que trasciende el tiempo.

Hoy, en una gráfica emotiva tomada al atardecer, revivimos ese momento, posando como si el destino nos hubiera reunido para un nuevo capítulo.

Estábamos guapos. Quién escribe algo subidito de peso. José Francisco con más canas que el ayer. Pero bastó una sonrisa para darnos un fuerte abrazo y hablar cómo si el tiempo no hubiese pasado.

Recordamos cuándo de manera promisoria le dije que iban al Mundial. El me dijo que faltaba la segunda ronda. Cerca de nueve partidos.

Insistí que entraban. Que me autorice su historia.

Algo renuente e incrédulo me señaló: ” y quién quiere leer mi vida”. Le manifesté de manera segura: “mi pluma hará temblar al Ecuador”. Así empezó la historia y el cuento bien contado. Con sal y pimienta. Aún a la Tricolor le faltaban muchos juegos pero mi ‘olfato fino’ nunca dudó.

Cuando el Atahualpa explotó en lágrimas y cánticos por la clasificación el libro Las Manos del Ecuador ya estaba escrito e ingresaba a imprenta.

“¡Manos del Ecuador!”, gritaba la hinchada. Ese fue el germen del libro.Rodríguez Pazos, con su pluma de cronista apasionado –ese mismo que ha forjado carrera en Radio El Mundo, América, Atalaya , CRE, Súper K800. Revista Estadio y los Diarios Extra, Expreso, El Universo, Meridiano y El Telégrafo. Sin olvidar ETV TELERAMA–, vio más allá de las estadísticas.

Las Manos del Ecuador desnudó al hombre: la infancia comiendo las verdes y maduras con sus hermanos y el esfuerzo de unos padres ejemplares y maravillosos.

Aprendió a “agarrar la pobreza” antes que balones; las dudas en Barcelona SC, cuando el éxito parecía un espejismo; el romance con su esposa, que lo sostuvo en las noches de gloria y sombra.

El libro relata anécdotas íntimas y de muchas atajadas donde Cevallos juró haber sentido “las manos de Dios y de mi padre” guiándolo.

No era una crónica fría; sino un himno romántico, lleno de sudor, besos al cielo y el aroma a césped mojado.

Y hoy, 24 años después, la magia renace. En un rincón del lobby de la Federación Ecuatoriana de Fútbol, bajo el sol poniente que caía por Urdesa, nos reunimos: Cevallos con su sonrisa indómita, Rodríguez Pazos, también.

La gráfica se toma: un abrazo grupal, miradas que retrocedían al 2002, risas que rompen el silencio. Es celebración pura, emoción desbordada. Porque el deporte es eso: un lazo romántico que une generaciones.

Cevallos, ahora directivo y leyenda viva, susurra: “Estas manos siguen listas para parar lo que venga”. Y Rodríguez responde: “El libro las inmortalizó; la gráfica las revive”.

En la actualidad Las Manos del Ecuador no es reliquia; es antorcha. Brindo por esas manos que clasificaron una nación, por el editor que las eternizó, por la gráfica que sella 24 años de pasión.

Fuente: Del tintero de
MSc. Antonio Rodríguez Pazos