Durante la filmación de Mentiras verdaderas (1994), hubo una escena que no solo terminó en la película, sino que marcó a todos los que estuvieron presentes.
Jamie Lee Curtis debía dar vida a Helen, una mujer que desconoce que su esposo es un agente secreto. En una de las secuencias más famosas, su personaje realiza un baile improvisado dentro de una habitación de hotel.
Curtis estaba tensa antes de grabar. No había coreografía ni prácticas previas; únicamente una cámara, música y su instinto. James Cameron le pidió que se moviera como quisiera, que no buscara lucir seductora, sino genuina. Arnold Schwarzenegger, sin intervenir, la observaba mientras rodaban.
Al comenzar la música, Jamie se resbaló un poco, soltó una risa y continuó moviéndose. Lo que surgió fue natural, imperfecto y honesto, y así fue como Cameron decidió conservar esa primera toma.
Esa secuencia, mezcla de humor y fragilidad, terminó convirtiéndose en una de las más emblemáticas de su carrera y una de las preferidas del público y del propio director.