Un día te aplauden…
y al otro te entierran.
Así de corta es la gloria, así de simple la vida.
Nos creemos importantes,
indispensables, eternos…
y la verdad es otra:
aquí nadie se lleva nada.
Ni títulos, ni dinero, ni orgullo…
solo te vas con lo que fuiste,
no con lo que tuviste.
Acuérdate que:
“Polvo eres… y al polvo vuelves”,
y en ese viaje final… ni la ropa eliges.
Entonces bájale al ego, súbele al corazón.
Sé humilde cuando subas…
porque la vida da vueltas
y el suelo siempre espera.
No se trata de brillar más que otros…
se trata de no apagar a nadie.
Al final, lo único que deja huella
no es lo que presumiste…
sino cómo hiciste sentir a los demás.
Porque la grandeza no está en creerte mucho…
sino, en no olvidarte
de dónde vienes.