Suzanne Parrish, una enfermera australiana, halló una criatura “tonta y adorable” en una playa de Nueva Caledonia.
Sin dudarlo, la levantó, posó para fotos e incluso le dio un beso al reptil.
Lo que ella ignoraba es que sostenía una Krait Marina, cuyo veneno es diez veces más tóxico que el de una cascabel. Un solo roce bajo amenaza habría provocado parálisis o un fallo cardíaco fulminante.
Suzanne sobrevivió por pura suerte. Días después, en un museo local, descubrió horrorizada que su “amiga” era una especie letal. “Estaba jugando con la muerte”, advirtieron expertos.
Fuente: UPSOMEDIA