Marilyn Monroe es la prueba eterna de que la verdadera belleza no depende de los
estándares.
No tenía un abdomen marcado ni brazos perfectos, y sus curvas naturales mostraban la
feminidad real que hoy muchas veces se oculta.
Aun así, conquistó al mundo con su carisma, seguridad y luz interior.
Marilyn nos recuerda que el encanto no está en la perfección, sino en la autenticidad.