Jane Sayner, una mujer de 74 años de Melbourne, vivió durante 23 años en la misma pequeña casa arrendada. Siempre mantenía las cuentas al día con su arrendador.
Cuidaba cada rincón de la casa como si fuera suya y el jardín, que se fue convirtiendo en lo más llamativo, se llenó de flores y vegetación. Su arrendador, el señor John Perret, era un farmacéutico jubilado y millonario.
Hablaban poco, pero mantenían una muy buena relación y él era consciente de la dedicación con la que Jane cuidaba la casa.
Un día cualquiera, Jane recibió una llamada inesperada: era John, diciéndole que ahora sería dueña de la casa que había cuidado todos esos años.
Lo cierto es que John había planeado dejar su fortuna a la caridad, ya que nunca tuvo hijos, pero quiso recompensar la lealtad y amabilidad de Jane de una manera personal, haciéndole un regalo invaluable. Jane, agradecida, por fin tenía un hogar propio.