Tres errores en la rueda de prensa de la presidenta de la RC5: cuestionar el regreso de Moreno para enfrentar el juicio penal, como no lo hizo Correa; acusarlo de corrupto por delitos que se dieron cuando era vicepresidente de su gobierno y salir en defensa de Lasso.
No es lo mismo ser presidenta de la Asamblea y parte de un gobierno autoritario y boyante en petrodólares como el de Rafael Correa, que liderar un movimiento desde la oposición, con una serie de esqueletos en el armario por los que aún hay que dar cuentas y, por qué no decirlo, arrinconado por un mandatario igual de audaz e implacable.
Además, sin una sola idea política renovada que sea capaz de tomar la iniciativa en la agenda de la discusión pública. Gabriela Rivadeneira tuvo un desempeño gris en la rueda de prensa del jueves de esta semana.
Revolución Ciudadana la convocó desde la mañana con un misterio pueril, tan típico de la política ecuatoriana de hacer mucho ruido y pocas nueces.
Que iban a darse anuncios importantes; hablar de elecciones y otros temas. Finalmente, la convocatoria a los periodistas fue para hablar de la gran pesadilla que aún les atormenta: Lenín Moreno y, de paso, prender unas cuantas velas de indulgencia en favor de Guillermo Lasso.
¡Qué ternura!
Lo cierto es que a Rivadeneira (entiéndase a la RC5, en su conjunto) le indignó el retorno del expresidente que ellos mismos pusieron en el poder: rogándole para que fuera candidato y con una campaña electoral intensa, como la del 2017, que terminó por comprometer, incluso, la reputación e independencia del CNE de la época. Igualito que ahora.
La molestia de Rivadeneira es porque, a su juicio, el expresidente Moreno pactó con el presidente Daniel Noboa para que, supuestamente, se declare su inocencia en el juicio por el caso Sinohydro. En otras palabras, un pacto de impunidad como el que el correísmo quiso gestar con Jaime Nebot y Lasso en 2021, del que ya sabemos de memoria en lo que terminó.
Llamó la atención que no pasaran ni 18 horas desde la llegada de Moreno, que la RC5 salió a cuestionarlo, cometiendo un error garrafal que el propio Andrés Castillo, asambleísta de ADN, les resaltó sin despeinarse: qué bueno que venga Moreno, lo mismo deberían hacer otros”, dijo, en referencia a Correa, prófugo por el caso Sobornos 2012-2016.
Pese al argumento de la persecución que hoy exhibe esta tienda política, con mucha razón últimamente, los pasivos que aún cargan sobre sus hombros son mucho más notorios.
Rivadeneira no solo llamó traidor a Moreno, sino que lo acusó de corrupto, por la trama de Sinohydro y Coca Codo Sinclair, por la que el expresidente tiene la obligación de enfrentar a la justicia y que esta sea firme con él.
Pero cuando la prensa le recordó que los delitos en cuestión se habrían dado en su etapa de vicepresidente de Correa, el gesto de Rivadeneira cambió.¿De qué habla la Revolución Ciudadana? ¿Cuál es su agenda? ¿Qué proponen al país?
Demasiadas preguntas saltan a la vista por el extravío de la presidenta del movimiento que, con cero estrategia narrativa, salió en defensa de Lasso, el otro expresidente por quien el correísmo no desperdició un solo minuto hasta verlo contra las cuerdas y destruido.
Gabriela Rivadeneira cree que el pacto Noboa-Moreno necesita una cortina de humo para esconderse y esta es -dijo- el desentierro del caso Encuentro en la Comisión de Fiscalización que controla el Gobierno.
Hay que tener audacia para hablar de un expresidente al que la RC5 le llevó a juicio político por este tema, obligándolo a decretar la muerte cruzada.
Con semejantes contradicciones, verdades a medias y pecados sin absolver, al correísmo se le pone cuesta arriba la tarea de reconstruirse.
Fuente Walter González