julio 25, 2024

El lector

Es como si hubiera descubierto un tesoro y temiera compartir, por temor a perderlo, y con él, toda la magia acumulada durante este tiempo saboreándola con celosa intimidad; pero creo que no hay derecho que justifique mi decidida equivocación, y vosotros/as no tenéis culpa de mi arbitraria actitud.
Con esta película, que acabo de ver hace unos días, me ocurre algo extraño.
Por ello, y por todo lo que llevamos recorrido, permitidme que os diga que es la mejor película, en mi opinión, que en estos momentos haya proyectado la TCM en su continuada programación matutina y nocturna; al fin y al cabo para alimento de la cinefilia, carente de buenos títulos que la hagan disfrutar hasta llegar al orgásmico fílmico, necesario para sentirse atado a la silla de poliéster y tapizados sillones cómodos y seguir disfrutando del extáxico momento que confiere esta visión.
La Odisea, de Homero, y La dama del perrito, de Antón Chejov, adquieren personalidad física en la relación que establecen un joven estudiante de 16 años y una rígida y autoritaria madura cobradora de tranvía en la Alemania Occidental (Berlín) en reconstrucción posguerra, en “El lector”, donde a primera vista nos ofrece una historia de amor apasionado, literario e indebida con un gran secreto de por medio, capaz de ser penalizado con cárcel, antes de sufrir la vergüenza de su desenlace.
Así es. Hanna Schmitz (Kate Winslet) y Michael Berg (David Kross) viven esta historia en el verano de 1958 viéndose en el piso de Hanna, leyendo la Odisea (previa excursión campestre, confundidos como madre e hijo), condición sine qua non, en donde Hanna se emociona extasiándose con la lectura que su joven amante relata sobre las aventuras del épico héroe en su regreso a Ítaca.
En realidad, la película empieza con Michael (Ralph Fiennes), siendo un abogado de cierto prestigio, separado y con una hija mayor de edad, Pero, apoyado con una elipsis, el Director Stephen Daldry, nos transporta a la juventud de la aventurera y apasionada pareja, viviendo la experiencia que hemos comentado. Al final del verano Hanna desaparece y años más tarde el joven estudiante de derecho asiste a un juicio que se estaba celebrando en la capital formando parte de un grupo de estudiantes universitarios, cuando, de entre las acusadas reconoce al principio, la voz de Hanna, que es juzgada por crímenes de guerra por haber dejado morir a 300 presas encerradas en una iglesia ardiendo y negarse a abrir las instalaciones, justificando que su deber era imponer el orden, aun a costa de la muerte de estas desgraciadas, que tarde o temprano, serían señaladas para ser rociadas en la cámara de gas en Auschwitz o en otro campo nazi.
Si existe una película que nos reconcilie, de nuevo, con el cine, es sin lugar a dudas “El lector”. Se dan cita las mejores interpretaciones de sus actores y actrices.
El rostro de Hanna (Kate Winslet) en el juicio, es todo un poema de lectura obligada para los aspirantes al difícil celuloide; puede leerse en todo momento la narrativa de lo que está pensando, hasta llegar a un momento elegíaco que expresa con convicción, justificando su criminal acción con una naturalidad, digna de las mejores actrices del momento.
Con razón fue declarada mejor intérprete femenina del año 2008. Y no olvidemos que en el cuadro de producción figura Sydney Pollack. Una vez más Ralph Fiennes, contenido, nos recuerda al personaje del “Dilema”, ambas interpretaciones soberbias no dejan lugar a duda y, aunque la mayoría lo recuerde por “El paciente inglés”, prefiero estas últimas libre de tanto maquillaje interpuesto.
Señalada por sus compañeras de haber escrito las órdenes que condenaban a las presas a ser quemadas en la iglesia, el juez pide la comparación  caligráfica, negándose a escribir, mantiene su secreto, y ser condenada a cadena perpetua antes de reconocer que es analfabeta.
En prisión empieza a recibir casetes con la lectura de la “Dama del perrito”, reconociendo la voz de su antiguo narrador, Hanna, instruye un sistema para enseñarse a escribir. Avisado Michael, de la salida de la cárcel, la visita creándose una situación fría, sin la mirada firme y evitando el contacto, al volver a su celda, y valiéndose de los libros que un día la trasportaron a un mundo nuevo, apasionante de misteriosas damas y héroes homéricos, se ofrecen, una vez más, para, apoyándolos encima de la mesa, “La Odisea”, “La dama del perrito” y “Las aventuras de Tintín”, le sirven para testimoniar lo último que le queda: su vida

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