abril 30, 2026

En homenaje a los mártires de Chicago lucharán y vencerán los trabajadores

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Este mundo no me parece justo; y yo he batallado, y batallado ahora con morir, para crear un mundo justo. ¿Qué me importa que mi muerte sea un asesinato judicial? ¿Cabe en un hombre que ha abrazado una causa tan gloriosa como la nuestra desear vivir cuando puede morir por ella?” Frase pronunciada por Engels, uno de los Mártires de Chicago.

Todos
los días en todas partes del mundo la mayoría de los pueblos
despiertan y duermen y sus hijos nacen y mueren mientras observan a
su alrededor las desigualdades heredadas por siglos de apropiación
indebida, mejor sería decir, por el despojo de la mayor parte de las
riquezas creadas por los trabajadores, que se acumulan en las manos
usureras de una clase con afición y oficio de explotación del
trabajo ajeno.

¿Qué
hacer? Es la pregunta que se han hecho los rebeldes visionarios de
todas las épocas. Sus vaticinios todavía desandan los vericuetos de
la historia de todas las épocas. Fueron Carlos Marx y Federico
Engels los más lúcidos pensadores y fundadores de la teoría y
método para adelantar los pasos de la liberación de la clase
trabajadora. En esa lucha, jalonada por luces y sombras de ideas,
encontraron su fin y gloria los mártires de Chicago, en cuyo
homenaje se celebra por gran parte de la humanidad el día 1 de mayo
como Día internacional de los trabajadores.

Durante
su estancia en los Estados Unidos en esa época José Martí, el
Héroe Nacional de Cuba, hubo de describir para los tiempos futuros
los sucesos allí ocurridos y el drama social y político que se
vivía por los trabajadores.

“Un
drama terrible,” fue el titular de la crónica que José Martí
publicó en diario La Nación de Buenos del 1º de enero de 1888, en
la cual describe todo el proceso real de los acontecimientos de las
luchas sindicales y hechos que dieron origen al procesamiento y
ajusticiamiento de los sindicalistas conocidos como Mártires de
Chicago.

Antes
de los sucesos de Chicago ocurridos años después, en su “Carta de
Nueva York”, publicada el 31 de marzo de 1862, expresaba: “En
esta tierra se han de decidir, aunque parezca profecía, las leyes
nuevas que han de gobernar al hombre que hace la labor y al que con
ella mercadea. En este colosal teatro llegará a su fin el colosal
problema. Aquí, donde los trabajadores son fuertes, lucharán y
vencerán los trabajadores”

De
cierta forma se cumplió parcialmente la profecía, ya que en esos
momentos el horario de trabajo podía extenderse hasta 18 horas y el
reclamo era por 8 horas, lográndose esta conquista a finales de mayo
de 1886 cuando varios empresas patronales accedieron a concederla a
centenares de miles de obreros, tras la sangrienta represión de las
huelgas de abril y mayo de 1886 de la fábrica McCormick en la ciudad
de Chicago. Pero hoy, más de un siglo después, faltan tantos
derechos laborales por conquistar y tanto el bienestar consiguiente,
que asombra la rémora de lo que es reconocido como justo y
equitativo.

La
fecha del 1 de mayo como Día del trabajador se fijó durante el
Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional celebrado en
París en 1889. La idea era recordar y reivindicar a los Mártires de
Chicago, grupo de sindicalistas que fueron condenados a muerte y
finalmente ejecutados el 11 de noviembre de 1887, por su
participación en una huelga que inició el 1 de mayo de 1886 en
Estados Unidos.

Fue
un veedor profundo José Martí cuando expresó en su artículo de 14
de agosto de 1886 “…se viene encima, amasado por los
trabajadores, un universo nuevo”.

También
fue rotundo cuando denunció el 9 de noviembre de1887 que “Así
las grandes empresas se sirven de la ignorancia de los trabajadores,
en su artículo “Desde los Estados Unidos”. Y cuando el 26 de
mayo de 1888, expresó: “… cada hecho de que un trabajador
sufre es consecuencia ordenada de un sistema que los maltrata por
igual a todos y que es traición de una parte de ellos negarse a
cooperar a la obra pujante e idéntica de todos”. Y cuando apuntó
a la esencia noble de los trabajadores el 22 de noviembre de 1888.
“¿Quién tiene el corazón más blando que los trabajadores”. Y
tuvo claro en el reconocimiento del sistema de explotación
capitalista, al sentenciar en 1889: “Con el trabajo honrado jamás
se acumulan esas fortunas insolentes”.

Y
trajo a colación la experiencia histórica de la humanidad en su
afán de lucha por la felicidad cuando anotó en su Cuaderno de
apuntes: “…los que trabajan para el porvenir son siempre, sin
variación y excepción alguna, censurados, perseguidos y acusados de
visionarios en el presente”.

Pero
quienes hemos vivido la experiencia revolucionaria cubana y la
sociedad que ha debido construir las bases de sí misma bajo la
presión sempiterna del imperio vecino de los Estados Unidos,
conocemos de una experiencia nueva, con sus altibajos, de poner en
mano de los trabajadores su presente y su futuro. Por eso el 1 de
mayo se ha celebrado durante todos los años de revolución como una
fiesta, en que todos los sectores se amalgaman para rendir cuenta de
lo logrado y prometer nuevas conquistas para el futuro inmediato y
mediato. Así será este 1 de mayo del 2023.

Wilkie Delgado Correa. Doctor en Ciencias Médicas y Doctor Honoris Causa. Profesor Titular, Consultante y Emérito de la Universidad de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba. Premio al Mérito Científico por toda la obra de la vida. Escritor y periodista.

  

Rebelion 

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