LA MADRE,
DADORA DE VIDA.
Mujer fortaleza….mujer guía….mujer de apariencia frágil, pero fuerte como una roca….mujer mansa y a la vez indómita……mujer sabia….tal es la imagen de la madre….la dadora de vida…la creadora de todas las armonías y la que da sentido a la condición humana….la madre es la plegaria que aprendimos en la infancia y es la que señala todos los caminos del hombre.
Mujer sanadora de todas las heridas….mujer que perfuma la conciencia del mundo….mujer que vierte una lágrima no de flaqueza, sino de ternura….así es la madre…. es la que no conoce de temores, ni cansancios, y tiene la esencia de la rosa….es la que defiende a sus crías, como fiera bravía….es la que perdona por anticipado….la que conoce todas las respuestas y pregunta poco…..y la que no pone condiciones al amor…..
Madre es el alfa y el omega….es el principio de todas las cosas….es la que remienda calcetines, al igual que remienda los dolores del alma…..nada somos en la vida sin ella…..nada duele más cuando ella se ausenta, solo queda un vacío salobre y hondo como la profundidad del mar….Ella es nuestra primera caricia…el primer beso… los primeros brazos que nos cobijan…el primer rostro que nuestros ojos ven….es la canciòn de cuna que hará nido permanente en nuestro recuerdo…y que enseñaremos a los hijos y a los hijos de nuestros hijos….
Mujer de infinita sabiduría….la que sale del silencio para alzar su voz, defender sus principios y lo que cree justo….es la que lleva el arado en la mano, para resembrar la vida de esperanza…..Es aquella que ama las cosas pequeñas que nacen del espíritu y las protege, como el principito cuidaba su flor….es la que escribe la vida sobre la piel….la que nunca pide nada…la que es feliz con las cosas simples, como el aroma de pan fresco o una puesta de sol frente al mar…es aquella que se desliza sin hacer ruido, como si levitara……y de sus labios no aflora nunca una queja…..
Ella es luz…promesa….canto y permanencia…..es la maestra de la vida y es la que conoce el lenguaje de la ternura…..ella intuye lo que ocultan nuestros pensamientos…conoce nuestros sueños….percibe nuestros silencios….y es la que permanece junto a la puerta, esperando el retorno…..A medida que crece en años, crece en sabiduría….su paso puede empezar a ser más lento, sus manos quizás ya no sean tan fuertes, su voz un poco menos firme, pero su intuición, su percepción de la vida y su palabra que orienta seguirá alumbrando el camino….no importa el tiempo, no importa los años vividos…ella es aquel árbol frondoso bajo el cual nos cobijamos siempre, para embebernos de su savia, para calmar todos nuestros dolores y nuestros miedos…..
Y así, llegado el momento de la ausencia….acatando los misterios insondables, estaremos tan llenos de ella, que sin duda, será una presencia mágica y cálida que nos acompañará a través de la vida…acaso porque tanta capacidad de amor no puede terminar con el silencio….ella es esa imagen que queda atrapada en el espejo de nuestra memoria…
Madre…mujer….relámpago de luz….espejo de agua clara…..para ella nuestra palabra…para ella nuestro permanente recuerdo….por tanto, ustedes me permitirán que diga para ella, estos humildes poemas….mis poemas….en especial éste, cargado de honda nostalgia cuando ella se marchó hacia el azul….
Te quedaste dulcemente dormida,
así de pronto una madrugada
y algo mío se quedó contigo
así de pronto en esa madrugada.
Me volví de golpe pequeñita,
bella mujer de los ojos tiernos,
tan pequeñita que habría querido volver a tu vientre
en una mágica metamorfosis,
para volver al principio de todas las cosas.
Voy a finalizar con este segundo poema, dedicado a mi madre, pero que pienso, que de alguna manera, muchos de los aquí presentes, se sentirán identificados con estas sencillas palabras:
Madre, te estoy alcanzando
cada día hay menos distancia
entre tu edad y la mía
somos dos lejanías encadenadas
compartiendo el lecho de flores
del mismo jardín.
Hoy te conozco mejor
pero no soy tan sabia como tú
apenas soy aprendiz de peregrina
en esta romería camino al exilio
sahumada de naranja fresca
y ahora que hay menos distancia
entre tu edad y la mía
dime cuando te dé alcance
¿quién atará mis sandalias
que de tanto caminar
han desgastado sus rosas?
Rosa Amelia Alvarado