julio 16, 2024

Efrén Guerrero._ El mundo según el rock and roll: romper con nuestra obsesión al silicio

La campaña electoral 2023 estará dirigida a los “millennials”, aquellos que tienen menos de 40 años y constituyen el 60% de la población. Son ellos quienes eligen al presidente y hacia quienes se enfoca los esfuerzos proselitistas.

Sin embargo, en la campaña de 2021, quedó claro que la clase política considera a los electores como personas sin capacidad de pensar. Mediante bailes ridículos, coreografías en lugares públicos y videos que trivializan los graves problemas que afectan al país, se intenta vender la idea de que la participación se reduce a marcar una simple rayita en la papeleta.

Quizás, somos nosotros los que merecemos tener una campaña electoral y políticos de baja calidad. De acuerdo a encuestas como las de Latinobarómetro, más de la mitad de los ecuatorianos rechazan la idea de que la democracia sea el mejor sistema de gobierno.

En este sentido, la experiencia del voto refleja directamente nuestra falta de interés, convirtiendo ese espacio en un simple meme y ridiculizando nuestra mejor oportunidad de influir en la esfera pública.

La tercera posibilidad es aún peor: tenemos políticos que reflejan la baja calidad de nuestra sociedad y en consecuencia todos estamos en el mismo nivel de memez.

Estamos desconectados de los datos y vivimos en un presente eterno de imágenes incesantes. Nos encontramos intoxicados por información basura, donde la comida chatarra, la música y las políticas públicas son tratadas de la misma manera efímera y desechable. Y los candidatos no son más que productos de empresas electorales.

¿Cómo influirán TikTok, Instagram y Twitter en la campaña electoral? No lo sabemos, pero es seguro que lo harán. Veremos nuevamente bailes y chistes mientras el país se desangra.

Se prometerán cosas imposibles para un gobierno de transición de dieciséis meses, que debería centrarse únicamente en lo verdaderamente importante. Se presentarán propuestas legales que avergonzarían a un estudiante de primer año de Derecho. Y todo esto mientras nuestras ciudades escalan posiciones en los rankings mundiales de violencia.

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