junio 19, 2024

Carlos Freile._ ¡Hipócritas!

El número de los sepulcros blanqueados es tan grande como el de los tontos, parafraseando a la Sagrada Escritura.

Esos hipócritas de tomo y lomo abundan en todas las latitudes como sabemos. Hace unos días estalló en España un sonado escándalo, aireado por los medios, por un beso abusivo dado por un señor con algo de poder a una deportista. 

Las condenas han llovido desde todos los ángulos de la piel del toro. La marea recriminatoria tiene razón de ser por el abuso que la acción rechazada significa, sin embargo, no es posible apartar la mirada de otra realidad frecuentísima por esas latitudes y que no merece la repercusión multidimensional que el socorrido beso: casi no pasa día en que en España no se denuncie un violento ataque sexual perpetrado por inmigrantes musulmanes, legales o ilegales, con la consecuencia catastrófica y permanente para cada una de las víctimas, ya no famosas, pero sí mujeres merecedoras de la solidaridad completa de sus connacionales, de los de arriba y de los de abajo. Pero frente a estos hechos hacen mutis por el foro, callan y miran para otro lado: ¡Hipócritas!

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