junio 19, 2024

Xavier Guerrero Pérez._ Desnudarnos para progresar

Una vez más, en menos de 6 meses las ecuatorianas y los ecuatorianos deberemos acudir a las urnas para -ideal- depositar la confianza -brindando el voto- a una de las personas que en ese momento tengamos frente a la papeleta (poco probable que la misma no resulte ser una “sábana”, pensando en el nutrido número de candidaturas). Sí, de nuevo cada uno de nosotros tenemos que ejercer nuestro “derecho” constitucional de elegir (realmente es una obligación en razón de que el no acudir implica, a más de ganarse la correspondiente sanción económica, el que se nos prive de realizar trámites públicos y privados al no contar con el bendito certificado de votación); aunque, en esta ocasión, realizaremos dicho acto democrático en el marco de circunstancias extraordinarias (donde la finalidad está en que la persona que sea electa ejerza el poder por el tiempo que falta para las próximas elecciones generales de carácter presidencial y legislativas).

Ahora bien, gracias al buen Dios he tenido la oportunidad de dar un vistazo con detenimiento a varias realidades políticas, a más de la ecuatoriana. En la mayor parte de los casos empíricos en los que he estado involucrado, se observa que existen algunas(os) candidatas(os) que se muestran ante el gran elector en campaña (o tiempo antes) de una manera, y luego, especialmente al obtener el respaldo ciudadano y consecuentemente la victoria electoral, “se olvidan” de cómo se comportaron antes del triunfo, para ahora actuar de otra manera; lo segundo lamentablemente significa tener a una persona que ejerce un espacio de representación popular pero que denota una actitud antipática a formas de interacción directa para con el pueblo.

Personas que, por ejemplo, si antes “se abrazaban hasta con los que no conocen” aunque aquello implique ocupar varios minutos de su tiempo, hoy por “tema agenda” (con suerte) le miran y le hacen un gesto con la mano, claro está ante la respectiva separación de varios metros de distancia gracias al “ingenioso personal de protocolo que son muy creativos para ubicar barreras”. Es decir, se vislumbra a personas políticas o políticos que usan el disfraz de ‘humanos’ únicamente para satisfacer sus intereses personales (principalmente ganar el cargo), y luego dejar ese disfraz y ser lo que siempre fueron: personas seducidas por la arrogancia y con heridas emocionales, que están dañados por los episodios duros que atravesaron en el pasado y que, a manera de bálsamo, al tener ahora la oportunidad de “desahogar”, lo realizan para así repetir el perverso patrón.

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