marzo 3, 2024

Carlos Freile._ Nosotros los católicos

No importa cuántos seamos, si mayoría o minoría, lo cierto es que no sonamos ni tronamos; la influencia ejercida por nuestro colectivo es nula y casi nadie se entera de lo poco o mucho que hacemos por la sociedad nacional y por sus miembros más olvidados. Tampoco se sabe o no se quiere reconocer la influencia positiva dejada por nuestra comunidad a lo largo de los siglos, dicho sea sin olvidar sus fallas, sus cobardías, sus componendas, presentes siempre en la Historia de la Humanidad, también entre quienes nos critican y vilipendian.

Esta jeremiada nace de varias causas, tan solo me referiré a una de ellas, expresión del estado de ánimo nacional: dentro de un año, aproximadamente, se celebrará en Quito un Congreso Internacional, sobre el cual pesa el silencio, el quemeimportismo y la antipatía, pues va contra la corrección política; se trata de un Congreso Eucarístico, el número 53 a nivel mundial, los cuales se celebran cada cuatro años desde 1881. Nuestra América ha recibido a cuatro desde 1934: Buenos Aires, Río de Janeiro, Bogotá y Guadalajara, este último en 2004.

A pesar de la penuria económica que nos agobia, los ecuatorianos deberíamos aprovechar este acontecimiento de varias maneras; sin lugar a dudas la primera debería ser reflexionar sobre nuestra miseria moral, sus causas mentales relacionadas con la educación y sus consecuencias para el mal vivir de las mayorías. También los alejados de la fe católica podrían aprovechar la oportunidad para recalcar los valores de nuestro pasado y presente, librarlos de la pátina de falsedades masoquistas que los empañan para reconocer herencias positivas llegadas de orillas diferentes a las suyas.

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