mayo 25, 2024

Los condenados de la Tierra

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“Me parece que en lo ambiental hay una gran oportunidad de discutir
el modelo de país que queremos” exhorta Tamara Basteiro, subsecretaria
de Política Ambiental de la Provincia de Buenos Aires. La jerarquización
de la cartera de Ambiente a rango ministerial en la gestión pública
bonaerense cumplió un año de vida. Su institucionalización responde, en
gran medida, a la vigorización de la organización social y política en
defensa de la Casa Común. También está impulsada por una mayor
concientización de la población en torno a las consecuencias del cambio
climático, que emergen en forma de fenómenos extremos como sequías,
inundaciones, olas de calor e incendios. Lo que gran parte de la
sociedad observaba hasta hace poco como una extravagancia de la agenda
onegeísta o un gesto onanista de hippies con OSDE, sobreviene en su
carácter de crisis civilizatoria global que pone en riesgo las
posibilidades vitales de las grandes mayorías.

Hablar de ambiente es debatir cómo hacemos uso de los bienes
naturales, cómo ordenamos el territorio y planificamos la extensión de
la superficie urbana, cómo promovemos un desarrollo social sustentable a
largo plazo y cómo satisfacemos las necesidades humanas en armonía con
el entorno. “Hablar de cambio climático es hablar de los países que se
la llevaron toda”, sentencia Basteiro, licenciada en Gestión Ambiental y
la primera graduada de la Especialización en Gestión del Desarrollo
Territorial y Urbano de la Universidad Nacional de Avellaneda y la
Universidad Nacional de Quilmes. También recuerda que fue Néstor
Kirchner quien advirtió, en la X Conferencia Internacional sobre Cambio
Climático en 2004, esta enorme desigualdad entre el Norte y el Sur
Global. “Si superponemos el mapa mundial de la pobreza y el
endeudamiento financiero de los países con el mapa mundial de la
ubicación de las mayores extensiones de activos ambientales que aportan
al mantenimiento de la biodiversidad, es fácil advertir su
coincidencia”, señaló el entonces Presidente de la Nación. “Del mismo
modo, si superponemos el mapa de los acreedores financieros con el de
los países que mayor contribución realizan a la degradación que produce
el cambio de clima en el mundo, encontraríamos simétricas
coincidencias”.

En un tiempo en el que las organizaciones –primordialmente juveniles–
engrosan sus filas bajo la consigna de que “no hay justicia climática
sin justicia social”, vale la pena traer al presente las palabras de
aquel estadista sudamericano que le marcó la cancha a 120 líderes
mundiales: “No debemos aceptar la doble moral que significa reclamar a
los países en desarrollo el cumplimiento estricto de los compromisos
financieros vinculados con la deuda externa, al tiempo que las
sociedades más evolucionadas y poderosas evitan el compromiso básico con
la preservación de la vida”, afirmó Kirchner, desnudando la hipocresía
del discurso green de las grandes potencias. Así puso sobre el
tablero global una ficha que el poder real hace denodados esfuerzos en
ocultar, en tanto redimensiona la magnitud del saqueo imperial. “Quienes
cargamos con deudas de increíble peso en materia financiera somos a la
vez los mayores acreedores ambientales en el planeta, en cuanto
constituimos una verdadera reserva ambiental que no recibe ningún tipo
de compensación por parte de sus deudores ambientales”, enfatizó el ex
Presidente. Los acreedores financieros “no admiten hacerse cargo de la
deuda ambiental que tienen contraída con los países menos
desarrollados”, remató Kirchner hace dos décadas. Cualquier parecido con
la actualidad no es mera coincidencia.

La pregunta es, entonces, qué intereses encubren los sectores que
intentan caricaturizar la gestión ambiental como si fuese una especie de
pasatiempo de funcionarios armando huertas. “Cuando hablás del campo y
hablás de los agrotóxicos, estás hablando de cómo producen los sectores
concentrados del poder”, repara la responsable de las políticas
ambientales bonaerenses. Es apuntar con el dedo a quienes “te regulan
los precios”. En fin, es discutir el sistema de distribución de la
riqueza en una era en la que, como sintetizó el filósofo Fredric
Jameson, “es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del
capitalismo”.

Lo popular del ambientalismo

Al asumir como ministra de Ambiente de Axel Kicillof, Daniela Vilar
especificó que el horizonte que guiaría su gestión sería cimentar un
ambientalismo popular que permita el buen vivir de todos los
bonaerenses. “Construiremos un consenso ambiental con la gente adentro”,
definió, parafraseando a su referente político en La Cámpora, Máximo
Kirchner, porque “el principal problema ambiental es la desigualdad y es
la pobreza”.

Más de un 80% de los desastres naturales están provocados por
factores antropogénicos. Hoy, 2 de abril, se cumplen 10 años del evento
meteorológico que azotó a la ciudad de La Plata generando la muerte de
al menos 89 personas. Este no ha sido un fenómeno aislado, ya que, según
la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la Oficina de las
Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR), en
América del Sur “las inundaciones
fueron responsables del 59% de los desastres, el 77% de las vidas
perdidas y el 58% de las pérdidas económicas de la región”. La tasa de
mortalidad de estas calamidades es proporcional al nivel de desarrollo:
en los últimos 50 años, el 91% de las muertes asociadas a catástrofes
naturales se produjeron en países de ingresos medios y bajos.

El modelo neoliberal profundiza el deterioro socioambiental. Ese fue
el foco de la disertación de Máximo Kirchner en el cierre del plenario
“Luche y Vuelve”, realizado en la Universidad Tecnológica Nacional de
Avellaneda a mediados de marzo. Allí vinculó el endeudamiento con la
discusión sobre en qué ambiente nos vamos a desarrollar: “El Fondo
aprieta, la Argentina cede y nos quieren comprar por baratijas las
cosas. Es lo que yo llamo las tres flexibilizaciones a las que nos van a
empujar si no se cambia: flexibilización laboral, flexibilización
impositiva y flexibilización de las normas ambientales para poder dañar y
así acumular más grandes ganancias a costa de nuestro territorio”.

Basteiro, quien además es consejera directiva de la Autoridad de
Cuenca Matanza-Riachuelo (ACUMAR) por la provincia de Buenos Aires,
destaca la productividad del concepto de “flexibilización ambiental”
para confrontar con las perspectivas que pretenden escindir la cuestión
ambiental de las decisiones de política económica. Por ejemplo,
considera que no se puede discutir la problemática de los residuos como
algo aislado. “Porque sí, el residuo contamina. Pero también hay gente
que vive en basurales a cielo abierto y tienen plomo en sangre, o que
busca su recurso económico para vivir sin ningún tipo de protección o
elementos de seguridad”.

Para diseñar una política ambiental que realmente beneficie a los
sectores populares no basta con horrorizarse con el plástico tirado en
la calle. Karl Marx decía que “el capital viene al mundo chorreando
sangre y lodo por todos los poros, de la cabeza hasta los pies”. Las
mercancías (como la computadora o el celular a través de la cual están
leyendo este artículo) se convierten en fetiche y encubren de manera
eficaz la historia de hambre y explotación de todos los obreros
necesarios para construirla. En esta etapa del capitalismo, la
militancia ambiental debe ser precavida ante la tendencia del residuo a
fetichizarse, porque detrás de las tapitas de gaseosa reutilizables está
el sudor de miles de compatriotas. Entonces, lo que hay que
preguntarse, dice Basteiro, es: “¿Cuál es el circuito de ese residuo?
¿Cómo se puede mejorar? ¿Quién vive de ese residuo? ¿Cómo vive? ¿Cómo
mejoramos su condición de vida?”.

La economía circular cuestiona el modelo lineal capitalista: extractivismo-producción-consumismo-descarte.

En Pehuajó, el intendente Pablo Zurro
inauguró el miércoles pasado, junto al gobernador Kicillof, un Complejo
Ambiental en un predio que durante 35 años fue uno de los 81 basurales a
cielo abierto que tiene la Provincia. Acampando en el lugar, el jefe
comunal aprovechó para recomendar la lectura de Los profetas del odio y la yapa, de Arturo Jauretche.

La madre de todas las batallas

Los humedales son paisajes donde la injusticia urbana alcanza su
máxima expresión. Sobre ellos se asientan barrios privados que desvían
el curso natural de ríos y arroyos para embellecer sus jardines. En
estos lotes, erigidos sobre modernos terraplenes, los propietarios
pueden avistar sus embarcaciones de lujo desde la comodidad de su living
a costa de inundar las barriadas aledañas, como consecuencia de la
disminución de la superficie de absorción generada por este insolente
movimiento de suelo. La manipulación de los reservorios de agua dulce
para la complacencia de unos pocos se traduce en la destrucción de los
escasos bienes –y, quizá, hasta en la pérdida de la vida– de las
mayorías vulnerables. En esos territorios, la disputa de poder es tan
encarnizada “que hace años que la sociedad civil pelea por una ley y la
ley no sale… Siempre se frena en alguna instancia”, analiza Basteiro.

La desigualdad también se verifica en el acceso al goce de las áreas
de patrimonio natural, histórico y cultural. Por caso, en la zona
periurbana norte de la ciudad de La Plata hay más de 10.000 hectáreas de
reservas naturales –pulmón verde para el buen respirar de la población
de mayor poder adquisitivo de la región–, mientras que en el periurbano
sur no hay ni una sola hectárea destinada a la promoción
recreativo-ambiental de sus habitantes.

El ordenamiento territorial y la definición de los usos del suelo son
responsabilidad primaria de la esfera municipal, según lo indica el
decreto-ley 8.912/77 de la Provincia de Buenos Aires. Con este
instrumento, los 135 distritos bonaerenses tienen la potestad de definir
la zonificación, la ocupación y subdivisión del suelo y sus niveles de
infraestructura. La ley provincial de Bosques Nativos, sancionada en
2016, estableció presupuestos mínimos para el manejo sostenible de estos
ecosistemas y empoderó al Estado provincial con una herramienta capaz
de restringir determinados usos. La subsecretaria de Política Ambiental
explica que la regulación no tuvo ningún tipo de avance hasta el año
pasado, cuando se convocó a privados tenedores de tierra a presentar
planes de conservación que serán financiados por el Estado provincial, y
valoró que más allá de la fiscalización y el control se haya creado una
política de incentivos que enfrente de manera realista el desmonte
ilegal. Hay que hacer algo con esa persona que compró un terreno, que
“tiene una necesidad, necesita vivir”. Sin embargo, “el derecho al bien
común va por arriba de todos los derechos”, pondera.

“Si hubiera una Ley de Humedales, tendría un esquema similar”,
visualiza Basteiro. Acto seguido, recapitula: “La realidad es que el
ordenamiento del territorio es la discusión madre para mí, porque ahí
entran todos los ecosistemas, entra la biodiversidad, entra dónde vas a
poner las industrias y dónde vas a poner la zona residencial”.

Letal

En la última década, casi el 70% de los 1.733 asesinatos de
defensores del ambiente se registraron en nuestro continente, según lo
reportado por Global Witness.
En nuestro país, Santiago Maldonado y Rafael Nahuel discutieron el
ordenamiento territorial e incomodaron los intereses privados de quienes
pretenden acaparar los bienes comunes de la Tierra, y eso les costó la
vida. Si alguien no quiere oír, seguro que es un gringo o un dueño de
este país. En voz de Daniel Viglietti: “Yo pregunto a los presentes / si
no se han puesto a pensar / que esta tierra es de nosotros / y no del
que tenga más”.

América Latina es el lugar más letal para la militancia ambiental.

Fuente: https://www.elcohetealaluna.com/los-condenados-de-la-tierra/

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