mayo 25, 2024

Aponte en la Vía Blanca

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El
carpintero ebanista habanero José Antonio Aponte Ulabarra, nuestro
primer líder independentista y abolicionista, también primer
intelectual orgánico del movimiento nacional popular cubano,
antirracista, promotor de la historia de pueblo negro, educador
social, con un proyecto político de lucha armada desde los
oprimidos, debe estar por derecho propio en el corazón de cada
cubano y cubana patriota.

Aponte
y sus compañeros de lucha, torturados y ejecutados por el poder
colonial español el 9 de abril de 1812, merecen uno y muchos
monumentos. Es loable que el Ministerio de Cultura (MINCULT), el
Consejo
Asesor para el Desarrollo de la Escultura Monumentaria y Ambiental
(CODEMA), el
gobierno de Mayabeque, la
Fundación Caguayo, la Comisión Aponte de la Unión de Escritores y
Artistas de Cuba (UNEAC), y demás participantes del proyecto, estén
enfrascados en colocar un monumento que le recordará en Vía
Blanca, en el entrecruce de las provincias habaneras de Mayabeque y
La Habana, en
Punta de Indio, en el límite que marca la unidad de control
policial, lugar también conocido como Punto Cero.

En
la reflexión a la que siempre nos convoca un nuevo aniversario de
aquellos acontecimientos primigenios de marzo abril de 1812, les
compartimos sobre la necesidad de unir la buena voluntad con el
conocimiento de lo que realmente ocurrió en la Historia. Nunca está
de más alertar sobre la responsabilidad que todos tenemos con el
mejor rescate y cultivo de la memoria histórica local, provincial y
nacional.

Aponte
en la Vía Blanca nos recuerda, reafirma y compromete. Pero queremos
y podemos ir por más.

La
historia de los sin historia

La
idea de que “debemos” la nacionalidad al movimiento económico y
político identitario de los criollos blancos de la sacarocracia
esclavista, y a sus cultos adalides intelectuales de derecha e
izquierda, cuyos nombres reconocen los libros de la Historia
heredada, es solo una verdad a medias, que aún muy pocos
historiadores se encargan de esclarecer. Hasta la inobjetable
transculturación de múltiple vía en la sabia visión de Fernando
Ortiz, generalmente se enfatiza y cuenta solo en la línea del aporte
indígena y sobre todo “negro” a la cultura “blanca”.

Aún no hemos logrado sistematizar y colocar en su lugar y dignidad histórica el pensar de los sin Historia, de los explotados, oprimidos y discriminados por el poder colonial y sus aliados: De los esclavos africanos y sus hijos criollos, de los criollos libertos, negros y mulatos; de las mujeres la mayoría explotadas, discriminadas todas; de los indígenas que sobrevivieron segregados, invisibilizados y “blanquedos”; de los campesinos y demás sujetos de la ruralidad insular, los hispanos pobres, de los chinos que se incorporaron después, y de otros migrantes; de los pobladores de los “extramuros” urbanos, de los comerciantes informales, los artesanos, de los cabildos y gremios. Y desde tal falencia carecemos de estudios sobre sus ideas –¡como si no pensaran!- de nación.

Permanece
en la penumbra el proyecto nacional liberador de las clases y
sectores explotados, oprimidos y discriminados Y precisamente la
figura de José Antonio Aponte Ulabarra y las noticias del movimiento
revolucionario que tenía organizado para 1812, resulta en uno los
aconteceres que da luz sobre esa penumbra. Ratifico:
Aponte en la Vía Blanca nos recuerda, reafirma y compromete.

Aponte
es de la estirpe de los milicianos defensores de La Habana, que en
1762, resistieron la invasión británica. Muy joven, junto con sus
mayores, participó -como decenas de criollos negros y blancos- en
la lucha por la independencia de los Estados Unidos, y pudo constatar
como en el país del Norte, tras la separación de la metrópoli
británica, los negros siguieron esclavos, y los libertos sufrieron
de la marginación y discrimina racial de la sociedad y el poder
racista que pervivió. La Revolución de Haití ratificó su
concepción libertaria, de fin de la esclavitud y de la colonialidad.

Entre
1810 y 1812 espoleadas las contradicciones y ansias libertarias
dentro de la Isla, por los acontecimientos en la metrópoli española
y los movimientos separatistas en el continente americano, el clima
conspirativo crece en La Habana y en el país. En 1810 Aponte
participa en la conspiración independentista organizada por Joaquín
Infante, Román de la Luz y Juan Francisco Bassave y Cárdenas.
Bassabe –nieto del jefe de las milicia en la que combatió el
abuelo de Aponte contra los ingleses- convoco a los milicianos negros
y mulatos bajo su mando a participar en los alzamientos, estimulando
el orgullo de los mismos como parte de los hombres de armas que desde
la mitad del siglo anterior habían defendido la tierra de “La
Habana”. Hábil conspirador Aponte no fue detectado cuando las
autoridades abortan la conspiración.

El
movimiento de Aponte  anuncia el arribo al liderazgo del
movimiento emancipador de los sujetos populares.  A diferencia
de los criollos blancos complotados en el 1810 su visión
independentista estaba unida a la abolición de la esclavitud. A
diferencia de las sublevaciones de esclavos donde la rebeldía de los
explotados no se organizaba en ideas o proyectos de continuidad,
Aponte tenía un proyecto ideológico y político para una Cuba sin
el dominio colonial, donde se destaca como eje fundamental la
liberación de los esclavos, los derechos de los libertos y demás
sectores de campesinos, artesanos y braceros.

La
red del movimiento de Aponte se extendió presumiblemente hasta
Remedios, Puerto Príncipe, Bayamo, Jiguaní, Holguín y Baracoa. En
conexión con la situación antillana confiaba en obtener ayuda del
rey haitiano Henry Christopher (1767-1820), y del general negro
dominicano Gil Narciso.

El
15 de marzo de 1812 se inició el movimiento organizado por Aponte,
con una sublevación de libertos y esclavos al noreste de La Habana,
en el entonces valle azucarero de Guanabo. Derrotada la sublevación,
apresados sus participantes fueron conducidos a Guanabacoa, donde
cinco días después se comenzó el sumario judicial. Aponte no pudo
ser vinculado con los acontecimientos, y permaneció en libertad,
hasta que producto de una delación, fue arrestado por las
autoridades coloniales, con otros implicados más, y llevado a la
fortaleza de la Cabaña. A las mazmorras de la fortaleza también
fueron llevados los protagonistas de la insurrección en Guanabo.
Sometidos a interrogatorios, que se combinaban con métodos de
coacción, apaleamiento y tortura, se construyó el sumario de la
acusatoria contra Aponte y sus compañeros.

El documento con el sumario que nos llegó hasta hoy, conserva la atmósfera represiva del calabozo, y está redactada con el avieso propósito de demostrar que los incriminados no solo eran criminales muy peligrosos, también cobardes, y de muy baja condición moral. Con tales argumentos, el 9 de abril de 1812 sin mediar juicio, son ahorcados Aponte y seis de sus compañeros.

Los
cadáveres de los insurrectos de Guanabo y su jefe fueron
decapitados, y sus cabezas se colocaron en jaulas de hierro, que se
colgaron en los caminos más transitados, para escarmentar e infundir
pavor. La
cabeza de Aponte se colgó, en el espacio que ocupa el edificio del
Templo Nacional Masónico, en Padre Varela y Salvador Allende, la
cabeza de Lisundia fue exhibida en el ingenio Peñas Altas y la de
Barbier, en el ingenio Trinidad. Y
con las mujeres combatientes hechas prisioneras, se organizó también
un acto de escarnio y horror, azotadas en plaza pública,
despedazadas sus vestimentas, semidesnudas, lacerados y
ensangrentados sus cuerpos por el látigo cruel.

La
racista sociedad blanca y oligárquica criolla, estremecida por “el
peligro haitiano”, permaneció en silencio cómplice ante el
proceso sumario salpicado de torturas, y no se inmutó porque se
saltara el juicio al que en ley, los encartados tenían derecho. No
por casualidad Francisco de Arango y Parreño participó en la sesión
del Ayuntamiento de La Habana del 18 de marzo, que liberó fondos
para enfrentar a los insurrectos en Guanabo. Y tampoco faltó Arango
y Parreño a la sesión del Ayuntamiento que el 23 de marzo exigió a
las autoridades colonialistas el pronto castigo de los sublevados en
prisión.

Aponte
en Vía Blanca: Alto al error y el irrespeto.

Una
estatua de Aponte en Vía Blanca, con el otrora valle azucarero de
Guanabo en su inmediato Sur, hace referencia directa a los hechos que
ocurrieron en este lugar en la segunda quincena de marzo de 1812. Y
de inmediato coloca el imaginario histórico de todo el que por allí
pasa, en el protagonismo del líder habanero en ese entorno. Y así
se ha explicado por la prensa aludiendo casi siempre a declaraciones
de responsables

El
periódico Granma, el pasado 28
de febrero afirmó: “En
Peñas Altas, un punto perteneciente a la actual provincia occidental
de Mayabeque, donde tuvo lugar el alzamiento de Aponte y sus
seguidores, el 15 de marzo de 1812, se ubicará la figura escultórica
de unos nueve metros, en bronce, del negro liberto e ilustrado”.

Un
día antes en el sitio de la UNEAC se afirmaba que la estatua de
Aponte se colocaría donde
tuvo lugar el alzamiento de Aponte y sus seguidores, el 15 de marzo
de 1812”.

Ruinas de Peñas Altas

Dos
días antes Prensa Latina dio la misma información al mundo.
Refiriéndose a la acción a la estatua afirmó que quedará
ubicada “donde
tuvo lugar el alzamiento de Aponte y sus seguidores, el 15 de marzo
de 1812”.

Pero
José Antonio Aponte Ulabarra no participó del levantamiento del 15
de marzo del 2012

Los
dos jefes protagonistas de las acciones armadas que se desataron el
15 de marzo fueron los libertos Juan Bautista Lisundia y Juan Babier.
Y
sin dudas la evidencia histórica demuestra que estos rebeldes
estaban complotados con Aponte, a quien asumían como jefe.

En
su actual ubicación
en
Punta de Indio
el
monumento está a más de seis kilómetros del Peñas Altas, sitio
del ingenio histórico.
Peñas Altas,
es
mucho más que
“un punto perteneciente a la actual provincia occidental de
Mayabeque”.
Es
un sitio histórico. Un sitio patrimonial que debemos rescatar y
recolocar en la Historia y en la memoria de la nación.

En
su actual ubicación
en
Punta de Indio-Punto Cero la estatua de Aponte será colindante con
un establecimiento de la Empresa Palmares, recuperado, cuando se
colocó allí la primera piedra del monumento. El establecimiento
tiene un cartel que lo nombra: Libertad, dice.

No
conocemos la ambientación turística prevista para el sitio, ni si
hay servicios gastronómicos incluidos, pero ahora mismo, ya decidido
el lugar para recordar a Aponte, sobra la cerveza. Y la palabra
“Libertad”, en nombre, significado e historia, nunca será
idónea para identificar la cafetería y/o bar aledaño a un
monumento histórico.

Nombrar
Libertad a un expendio de bebidas y refrigerios de Palmares, en el
entorno que recuerda a Aponte, y permitirlo las autoridades
competentes, es un irrespeto al héroe que se honra y a quienes en
las cercanía se rebelaron en su conquista, y en esa lucha ofrendaron
sus vidas.

La
sublevación en Guanabo

El
14 de marzo de 1812, los dos jefes protagonistas de las acciones
armadas, Lisundia y Babier, junto al mulato Estanislao Aguilar y el
esclavo carretero Tiburcio Peñalver, se reunieron en el Ingenio San
Gabriel de Tivo-Tivo, contiguo al centro del Corral Guanabo de Abajo
donde hoy se erige el poblado de Campo Florido, para iniciar la
sublevación, y con un pequeño grupo de esclavos de ese ingenio,
marcharon al Ingenio “Santísima Trinidad” a celebrar un Tambor.

Durante
la ceremonia religiosa en el Santísima Trinidad los líderes de la
sublevación levantaron parte de su dotación de esclavos, para
reunir casi dos decenas de hombres armados, la mayoría con machetes
y otros instrumentos de trabajo. Con esa tropa emprendieron el asalto
y quema del Ingenio “Nuestra Señora del Carmen y Señor San José”,
más conocido como Peñas Altas. Ambos ingenios hoy en territorio
del municipio Santa Cruz del Norte.

Luego
de arrasar Peñas Altas los sublevados marcharon sobre el Ingenio
Santa Ana y San Juan de Dios que se encontraba en lugar que se conoce
como Tumba Cuatro, hoy municipio Jaruco, con igual propósito; pero
fueron contenidos a medio camino entre ambas haciendas, por una
milicia organizada por el mayoral del Santa Ana compuesta por
pobladores blancos de la cercana comarca, y esclavos de la propia
dotación del ingenio en peligro de asalto. La supremacía en hombres
y armas de la partida del mayoral, derrotó y dispersó a los
rebeldes.

Se
cuenta que la prédica del párroco del pueblo de Guanabo Manuel
Donoso, fue decisiva para convocar a los campesinos, pobladores y
esclavos a emprenderla contra los sublevados. El hecho de que en
Peñas Altas los sublevados machetearon a los residentes blancos,
incluidos una mujer, su hija y dos niños, fue un acto denunciado y
manipulado por el párroco como prueba de conducta asesina,
anticristiana y diabólica. Para el sacerdote, los tres siglos de
violencia, asesinatos, violaciones y explotación que pesaban sobre
los sublevados era algo “normal” y “cristiano”.

Después
de la escaramuza con la partida del mayoral, llegaron tropas armadas
que culminaron las acciones represivas contra los sublevados,
refugiados en los montes cercanos. Estos fueron aprendidos y
conducidos a Guanabacoa.

La
sublevación del valle de Guanabo nos abre incógnitas para la que
solo podemos adelantar conjeturas. Los sublevados se organizaron en
dos ingenios, Tivo-Tivo, y Santísima Trinidad, para atacar y
destruir Peñas Altas e intentar hacerlo contra Santa Ana: ¿Por qué
no queman y destruyen los dos primeros ingenios? A su vez los hechos
de violencia y criminalidad que protagonizaron los sublevados contra
los pobladores de Peñas Altas, contrastan con la paz que reinó en
Tivo-Tivo, y la Santísima Trinidad.

La
evidencia histórica demuestra que la sublevación en el valle de
Guanabo, a las puertas de la capital, fue una acción planificada
para colocar al poder colonial frente a un hecho que imponía
atención y movilización de fuerzas militares. Un movimiento táctico
importante en la estrategia prevista por Aponte para insurreccionar
y tomar la capital. Consideraba
el líder revolucionario que la acción principal debía darse en la
capital y para ello contaba con sublevar a las milicias de negros y
mulatos, obtener armas con la toma del Cuartel de Dragones y de
otros establecimientos militares, y convocar a la lucha a los
esclavos y libres del servicio doméstico de los oligarcas, a los
artesanos y pobladores negros y blancos pobres.

El
turismo histórico

Se
pondera para colocar el monumento a Aponte en el emplazamiento actual
de Vía Blanca, el valor turístico del lugar. No es esta la
ubicación que más puede aportar, ni en el orden turístico, ni en
el orden local. Menos, en lo que al rescate de la historia y el
patrimonio se precisa.

La
ubicación actual está en un lugar que carece de entorno social, sin
comunicación efectiva con el valle donde ocurrieron los hechos de
1812, alejada de poblaciones y centros de trabajo. Si se mueve la
ubicación prevista 1,8 km al Este, esta situación cambia. La feliz
iniciativa de un monumento puede
ser la puerta de un precioso proyecto de desarrollo local.

En
la ubicación que proponemos se abren posibilidad por la geografía y
los caminos históricos existentes al sur, inmediatamente sobre el
valle, para comunicarse directamente con las ruinas del ingenio Peñas
Altas distante a 4.8 kilómetros. Hoy
se accede a las ruinas del Penas Altas por un camino que parte de
lo que se conoce por “Guanabo Viejo” y se dirige al este hasta la
localidad de “El Comino”. Estos caminos vecinales que abren el
circuito de la sublevación liderada Juan Bautista Lisundia y Juan
Babier.

El
turismo como actividad económica rentable no solo permitiría
recuperar para el patrimonio provincial y nacional el antiguo ingenio
y el entorno de los acontecimientos de 1812, más, daría la
posibilidad de rescatar el patrimonio histórico azucarero de la
zona, en grave peligro de desaparición.

Los
caminos que penetran en el valle conectan pequeñas comunidades,
algunas hoy desfavorecidas, como la emplazada a los pies de la Torre
del antiguo Ingenio San Francisco, gemelo en la época con el Peñas
Altas y que por su valor como exponente singular del Patrimonio
azucarero de la Habana amerita su rescate e inclusión en el
proyecto, como otra oportunidad de dinamizar la vida social y
económica del lugar, donde tendrían sus pobladores una nueva e
interesante fuente de trabajo y sus hijos creerían en un entorno más
culto y propositivo.

El
monumento frente a la entrada de acceso al «Caribe», donde
están hoy las instalaciones de la Empresa Cupet, que operan los
pozos de petróleo de la zona, vincularía el sitio a la segura
atención de los obreros y del sindicato de la mayor y más
importante industria local.

Lo
más trascendente siempre será que los maestros de Mayabeque –y
los de La Habana- puedan llevar a sus estudiantes al lugar, para
excursionar por la ruta de la sublevación del 15 de marzo de 1812.
Se trata por demás de un lugar perfecto para acampadas pioneriles.
Soñemos despiertos y laboriosos, en el gran Palacio de Pioneros al
aire libre del que se puede disponer, en plenitud de naturaleza e
historia.

Campana del ingenio Peñas Altas

Sería
un precioso acto de justicia histórica que la campana del ingenio
donde se realizó la sublevación, hasta hoy custodiada por
generaciones de vecinos en las cercanías de Tumba Cuatro, volviera
a tañer en una Cuba Libre nuevamente. Ahora en el emplazamiento
rehabilitado donde aún se alzan los restos de los muros del Ingenio
Peñas Altas. Y que este empeño de restitución de tan relevante
elemento del patrimonio a su lugar de origen, nos permita otorgarle a
Peñas Altas y su entorno, la condición y atención que merece como
Monumento nacional.

Ocupaciones

Que
el monumento en sí y en su entorno fertilice, y lo haga con la
escrupulosidad profesional de lo que realmente pasó en la historia,
es un deber de fundamento, de ciencia y conciencia, de historia, de
patria. Que el monumento fortalezca la enseñanza de la Historia, y
recree la memoria y la tradición histórica, en conocimiento y
reafirmación identitaria, será un aporte mucho más preciso. Es de
lo necesario, lo más hermoso. Y tal calidad hoy está en peligro.

Los
promotores gubernamentales tiene la obligación de buscar una
asesoría profesional responsable, la UNEAC posee en la Asociación
de Escritores una sección de historiadores prestos a colaborar.
Nuestra prensa no puede continuar sin darse al ejercicio del
periodismo histórico que precisamos. No
puede equivocar la geografía, menos el respeto por los lugares
preciosos de la patria.

Los
maestros y maestras de Historia de seguro darán su aporte para
impedir que el error anide y confunda. En el Departamento de Historia
y Marxismo, en la Facultad de Ciencias de la Educación de la
Universidad Agraria de La Habana, la culta universidad mayabequense,
hay conocimiento, excelencia y pasión por la Historia, suficientes
fortalezas para que alertados, actúen en bien de la historia que les
pertenece e identifica.

El Decreto Ley 328 del 2015, norma las doce condiciones que debe tener el expediente de un Proyecto, para autorizar la colocación de una obra de artes visuales en un espacio público. Pensamos en una condición 13, que obligue y explicite la necesidad de realizar un estudio geohistórico, histórico cultural y socio económico del entono local que se va a intervenir.

Que
la escultura y el monumento impulsen, curen y enriquezcan la región
natural e histórica, en el lugar donde mejor pueda hacerlo, debe ser
la ocupación de todos. El pueblo, el campesinado y los trabajadores
del valle, sus hijos e hijas lo agradecerán.

La
Unión de Historiadores de Cuba en la hermana provincia de Mayabeque,
tiene mucho que fertilizar y aportar al proyecto que bosquejamos, y
de seguro compartirá nuestra preocupación porque se cuente lo que
reamente pasó en la historia, convóquesele. La Comisión Nacional
de Monumentos, la Comisión provincial en Mayabeque, los entusiastas
colegas de la cultura y la historia en Santa Cruz del Norte y Jaruco,
de seguro harán una fiesta de sabiduría y bellezas si de hacer
florecer las riquezas naturales, históricas y humanas del antiguo
valle de Guanabo se trata. Sabemos que estos camaradas ya se andan en
muy serias acciones, y concitan para su patria chica proyectos
interesantísimos, con posibilidades reales de colaboración
internacional. Y aquí en La Habana-capital cuenten con quienes nos
sentimos mayabequenses, artemiseños, habaneros, patriotas cubanos.

Que
quienes transiten por Vía Blanca al pasar por el lugar, mejor si se
detienen, sientan como el espíritu rebelde del monumento penetra en
la tierra cubana, y va hacia lo profundo del valle. Y que esa sea
tierra de patrimonio rescatado, de sociedad en tejido de bienestar,
con niños y jóvenes de allí mismo, y venidos también de las
provincias hermanas en goce de naturaleza, tradición e historia.

Merecimientos

«El regreso de Aponte», es el nombre de la obra que nos regala nuestro premio nacional de artes pláticas Alberto Lescay Merencio. Cuentan que está prácticamente terminada en los talleres de Caguayo, en símbolo de como en el oriente cubano se forja también la memoria de epopeya del occidente. Y ya nos parece ver la estatua en Vía Blanca, con sus nueve metros de alto, con esa majestad de artista mayor y patriota insigne, que en cada obra nos regalan el maestro Lescay Merencio y sus colaboradores de la ciudad y provincia héroe.

Juan
Bautista Lisundia y Juan Babier, Estanislao Aguilar y Tiburcio
Peñalver estaban lejos de la formación cultural y política, que
para el liderazgo había logrado acumular Aponte a fuerza de tesón y
auto superación personal. Pero sus distancias de formación en
comparación con el líder, no hacen menor la acción de rebeldía y
entrega a la emancipación de los desposeídos que protagonizaron.
Merecen ser recordados junto a los demás insurrectos de Guanabo.
Merecen también el monumento que se va a erigir en la Vía Blanca, y
que sus nombres estén junto al del líder Aponte, en el entorno en
que se rebelaron y combatieron. Merecen ser recordados en este
regreso
a los orígenes.

Merecen
los y las mayabequenses tener allí en Vía Blanca, a Aponte y a
quienes le secundaron en su estrategia libertaria. Merecemos los
cubanos y cubanas, todos, que el Regreso de Aponte, ya de por sí un
acontecimiento trascendente para el occidente, sume más tradición y
saberes, más sentimientos y respeto por la historia.

Confiamos
en el valor de la crítica propositiva, en la sabiduría del arte y
de la política revolucionaria.

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