marzo 5, 2024

Carlos Freile._ Quien siembra vientos…

A raíz de los asesinatos de dos políticos ecuatorianos sucedidas en los últimos días debemos aplicarnos el mismo adagio.

Nuestro país no ha llegado al extremo de violencia y de desprecio de los mínimos valores humanos de la noche a la mañana. Durante años hemos ido sembrando vientos de desarticulación de la familia, de privilegiar el placer sobre el deber, el goce egoísta sobre el amor oblativo; hemos atacado la maternidad de la mujer y nos hemos burlado si cuida de sus hijos, con ello hemos sembrado los vientos del desapego, de la frustración, de la adoración del yo sobre todas las cosas. No nos admiremos si cosechamos las tempestades de violencia que hoy nos acongojan.

Parafraseo a un sabio renacentista: nos hemos acostumbrado a levantar estatuas a las causas de la desmoralización y ahora buscamos cortar la cabeza a sus consecuencias; hemos desterrado el Infierno de nuestras visiones del mundo y hemos convertido nuestra sociedad en un infierno.

Hemos jugado a ser dioses, dueños del bien y del mal, ahora nos escandalizamos de que el mal nos posea; ya sin virtudes enseñadas en el hogar o en la escuela, padecemos el dominio de los vicios sin freno; asesinamos a los niños en el vientre de sus madres y nos dolemos de los asesinatos de adultos. Proclamamos la vigencia de la posverdad y nos escandalizamos por el triunfo de la mentira.

Deberíamos escarmentar de esta siembra de vientos; mirar al futuro con una humilde dosis de previsión, no solo para corregir la espiral de violencia, sino sus raíces. Es verdad, lo acabo de insinuar, que el origen de la delincuencia no está solo en la pobreza, de lo contrario no habría delincuentes de cuello blanco, pero la ausencia de oportunidades es un buen viento para futuras tempestades.

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